Con la que está cayendo en el Paseo del Prado de Madrid y Elena Salgado, ministra de Sanidad y Consumo, se dedica a su verdadera vocación: la moda. En las bambalinas de este escenario de las vanidades, el recurso contencioso-administrativo interpuesto por la Comunidad Valenciana contra el decreto del Fondo de Cohesión; Madrid que ha recurrido ante el Tribunal Constitucional la regulación de los bancos de cordón umbilical; Andalucía que ha regulado la acreditación de competencias profesionales y Murcia con el convenio firmado con Polonia para que vayan a trabajar allí médicos de ese país. Por si todo esto fuera una cuestión baladí, huidas y ceses de altos cargos en el Ministerio de Sanidad.
Nada de todo esto parece afectar a la ministra Salgado, que limita sus apariciones en los medios de comunicación para lanzar mensajes banales sobre el sexo, alimentación, etc, y a firmar convenios con diseñadores de moda y grandes superficies. Parece como si se cerrara a todo aquello que realmente tiene un alcance de relieve, como los temas apuntados líneas arriba. El miércoles, Rafael Matesanz tiene que explicar el Plan Nacional del Cordón Umbilical a las autonomías, médicos y representantes del sector privado. Y tendrá que abordar el recurso que, ante el Tribunal Constitucional, ha interpuesto la Comunidad de Madrid, contra la regulación del Ministerio por considerar que limita los derechos de los ciudadanos e invade competencias a las autonomías.
Pero como se desvie lo más mínimo de la estrategia de la ministra, Matesanz puede ser fulminantemente cesado, como le ha ocurrido estos días a Alfonso Gómez Pajuelo, que desempeñaba la subdirección general de Farmacia o a MaríVal Díez, que estaba al frente del Plan Nacional del Sida tras haber sido cesada, anteriormente, como directora de la Agencia del Medicamento. Claro que Matesanz puede huir del Ministerio hacia otros destinos, como ha hecho otro alto cargo. Javier Rubio abandonó la subdirección de Ordenación Profesional para irse al Ministerio de Administraciones Públicas, lejos de la influencia del subsecretario Puig de la Bellacasa.
Y mientras todo esto sucede, siguen las presiones de los productores de vino y de cerveza contra Elena Salgado por no querer hacer distinciones de grado en la futura ley del alcohol que quiere proteger a los menores. Realmente esto lo tiene fácil la ministra. Sólo tiene que apoyarse en los médicos....