Con sus congresos celebrados las últimas semanas, poder y oposición han clausurado el curso político con vocación de prórroga. Zapatero y Rajoy confirmados con el apoyo de sus propios aparatos y sin excesivo entusiasmo en sus bases electorales. Dos congresos de candidato único, el del PSOE inspirado por un triunfo electoral poco contundente y el del PP por una derrota bastante digna..png)
En ambos casos es difícil identificar a estos líderes oficiales como auténticos líderes reales. Ni Zapatero representa a una extensa opinión socialdemócrata, ni Rajoy es el símbolo de un también extenso centroderecha liberal.
Pero frente a estos liderazgos precarios no han comparecido otros hipotéticos liderazgos ideales. No sabemos si por miedo al fracaso frente a las máquinas de partido o por falta de convicciones claras. Lo cierto es que los hipotéticos lideres reales, al parecer, “ni están ni se les espera”.
Por otra parte, los mensajes de los líderes oficiales carecen de recetas. En una nación azotada por una crisis socioeconómica que va tomando perfiles dramáticos el líder gobernante se pierde en vaguedades y optimismos y solo se define en materias de dudosa orientación moral o constitucional que supone atractivas para sus electores más a la izquierda. Pero la escenificación es reversible. Tampoco Rajoy se define en aquellas materias de índole moral o nacional a que son sensibles sus electores centroderechistas.
Esta estrategia de indefiniciones puede aparentar algún cambio como el “todos contra Zapatero” de la última sesión del Congreso. Pero se convertiría, otra vez en un “todos contra Rajoy” si en vez de críticas contra el Gobierno hubiese que apoyar una moción de censura constructiva a favor de Rajoy. Por tanto estamos donde estábamos.
Este es el problema de un esquema de líderes sin recetas acordes con los principios esenciales de sus ideologías. La base electoral no se mueve, está desmotivada y desconfiada. No confía en la capacidad del que gobierna para afrontar la situación ni confía en la capacidad del único que, hoy por hoy, podría venir para garantizar sus principios. Es decir, que junto a la temida estanflación de cara a los economistas está un estancamiento político del que sería conveniente salir. Pero para ello es preciso que alguien escriba claramente su receta y sea capaz de decirnos adónde debemos ir y no, simplemente cómo no podemos seguir.