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OPINIÓN/Víctor Gijón

Hablemos de recesión

Hablemos de recesión

jueves 10 de julio de 2008, 16:25h
Actualizado: 11 de julio de 2008, 18:57h
Dicen que si se repite mil veces la palabra recesión, al final la recesión llega. Es decir que estamos antes un caso parecido a las cadenas de peticiones, aunque en este caso nadie asegura que si alguien deja de pasar la palabra maldita nos vayan a ocurrir mil desgracias. Al contrario, si dejamos de fustigarnos con lo mal que van las cosas, a lo mejor la recesión tarda un poco más en llegar o no llega. Pero no nos perdamos en anécdotas.
Dicen que si se repite mil veces la palabra recesión, al final la recesión llega. Es decir que estamos antes un caso parecido a las cadenas de peticiones, aunque en este caso nadie asegura que si alguien deja de pasar la palabra maldita nos vayan a ocurrir mil desgracias. Al contrario, si dejamos de fustigarnos con lo mal que van las cosas, a lo mejor la recesión tarda un poco más en llegar o no llega. Pero no nos perdamos en anécdotas.

La recesión puede llegar por la influencia de los factores exógenos --elevado precio del petróleo y falta de liquidez en los mercados financieros-- y debilidades propias --desmesura del sector de la construcción, dependencia energética…--. No es fácil encontrar soluciones a corto plazo, que además necesitarían de acciones concertadas a nivel mundial, pero si que todos podemos arrimar el hombro para que la crisis se note lo menos posible.

Cambiar modos de vida, usos y costumbres, que reduzcan el consumo energético, en su mayor parte dependiente del petróleo, no sólo servirá para mejorar el medio ambiente, que no es poco, sino que supondrá ahorrarnos 5.000 millones de euros al año de la factura petrolífera. Eso a corto, porque a medio y largo las medidas que se adopten, forzadas por las circunstancias, tendrán como consecuencia el desarrollo de fuentes de energía alternativas, menos contaminantes, además de un uso más racional de aquellas.

En el campo de la construcción, y una vez superado el primer momento de pánico, lo que está claro es que sólo sobrevivirán las empresas del sector con sólidos cimientos, nunca mejor dicho. Desaparecerán especuladores, intermediarios, profesionales del pelotazo e inversores de ocasión. Pero para que las cosas sigan funcionando, para que no tengamos que tomar antibióticos en lugar de aspirinas, es imprescindible que los bancos, que el sistema financiero, asuma algunos riesgos.

Cero euros al crédito al consumo, prudencia en la hipotecas y generosa disponibilidad para dotar de liquidez a las empresas que ni tienen por qué, ni deben pararse. La banca, también las cajas, disponen de margen para seguir apoyando. Quizás no obtengan los mismos beneficios, no al menos tan fáciles como en los últimos años, pero pueden seguir haciendo negocio. Y, además, contribuirán a devolver a la sociedad una pequeña parte de los que la sociedad les ha dado.

Finalmente el Gobierno, tanto el nacional como el regional, tienen la enorme responsabilidad de mantener un ambiente de confianza, cara al interior pero sobre todo al exterior, crear las mejores condiciones para que la iniciativa privada siga adelante y recurrir a la deuda, eso sí con moderación, para el desarrollo de infraestructuras que no sólo crean riqueza a corto, sino que son la base del desarrollo futuro.
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