Cuando el gobierno predica que hay que apretarse el cinturón no es que ofrezca una dieta de adelgazamiento sino el precario método de subsistencia con cargo al subsidio de paro y similares paliativos sociales.
Es el pan de los “progres”, lo que en otros tiempos más dados a la caridad que a la ciencia económica, se llamaba el pan de los pobres. Durante muchos años los típicos “progres” se dedicaron a minusvalorar al sector inmobiliario al que llamaban del ladrillo. Tras el ladrillo no solo estaban empresarios, arquitectos y aparejadores sino albañiles, electricistas, pintores, soladores, ceramistas, decoradores, carpinteros, mueblistas, tapiceros, hasta un largo etcétera de oficios y actividades comerciales hoy en crisis. Y, por supuesto, una oferta de viviendas y locales propios de un país en crecimiento. También minusvaloraban al turismo, hablando de un país de camareros, sin tener en cuenta los puestos de trabajo cualificados que arrastra la hostelería, la restauración, las segundas residencias de extranjeros, los transportes, etc.
Ante el penoso panorama actual, había que pensar en alguna alternativa. Los “progres” lo tienen claro: innovación y desarrollo. No sabemos de qué innovaciones hablan ni de qué sectores pueden desarrollar. La innovación y la igualdad son títulos elegidos para departamentos ministeriales sin contenido administrativo, vaciedades en el esquema ejecutivo que nada pueden resolver por ahora como no sea la igualdad en la escasez y la innovación de buscar otro trabajo. Por este camino, marginada la construcción y el turismo, las dos locomotoras de la economía española, es incalculable el tiempo que necesitaremos para salir de la crisis.
Sin la pujanza del sector inmobiliario y el consumo generado por el turismo difícilmente crecerán los ingresos impositivos necesarios para garantizar las ayudas sociales. El relevo por una industria comprimida por los gastos de una energía encarecida por la excesiva dependencia del petróleo bastante hará si consigue mantenerse estable sin soñar en crecimientos. El premio que van a recibir los españoles que creyeron en el pan de los “progres” no va a ser si no aguantarse con el pan de los pobres.