Bush le sirve a China un aperitivo envenenado de diplomacia
jueves 07 de agosto de 2008, 17:48h
Actualizado: 11 de agosto de 2008, 20:13h
El presidente estadounidense, George W. Bush, pronunció un duro discurso contra China y la situación de los Derechos Humanos en este país tan sólo horas antes de su llegada a Pekín para asistir a la ceremonia inaugural de los Juegos Olímpicos mañana. La reacción del Gobierno chino no se hizo esperar, rechazando interferencias "en asuntos internos" chinos.
En su discurso pronunciado en Bangkok -y que ayer adelantó en parte la Casa Blanca-, Bush expresó su "firme oposición" a la detención de disidentes, defensores de los Derechos Humanos y activistas religiosos en China.
"Estados Unidos cree que el pueblo de China merece la libertad fundamental que supone el derecho natural de todos los seres humanos", afirmó el presidente estadounidense.
"Nosotros hablamos en favor de una prensa libre, libertad de reunión y derechos laborales no para enfrentarnos con los dirigentes chinos, sino porque confiar a su pueblo una mayor libertad es el único modo para que China desarrollo su pleno potencial", explicó Bush.
El presidente estadounidense había sido criticado por los grupos de defensa de los Derechos Humanos no sólo por asistir a la inauguración de los Juegos sino por no hablar con más contundencia contra la represión de Pekín en relación con el evento deportivo. Bush ya había criticado previamente la situación de los Derechos Humanos en China, centrándose especialmente en las restricciones a la libertad religiosa.
Durante su estancia en Seúl este miércoles, Bush dejó claro que no tenía ninguna intención de usar los Juegos como plataforma para criticar a China por los Derechos Humanos, aunque dijo que preveía plantear estas cuestiones durante su encuentro privado con el presidente chino, Hu Jintao.