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Con freno y marcha atrás

Con freno y marcha atrás

sábado 13 de septiembre de 2008, 17:39h
Actualizado: 16 de septiembre de 2008, 07:16h
En un brillante ejercicio del viejo sofisma de la botella media llena o medio vacía, el Gobierno, seguramente abrumado por el terrible y acelerado crecimiento del desempleo, asegura que nunca antes hubo tantas personas trabajando en España. Lo dice con la misma firmeza con que inmediatamente antes de las elecciones proclamaba que la situación de la economía española era la mejor desde varias décadas atrás. Lo cierto es que ahora hasta el Gobierno, cercado por la Comisión Europea, reconoce que la economía española, estancada desde principios de año, no es que se asome al abismo de la recesión, sino que ha empezado a caer en ella, parece que con insuficiente paracaídas y sin red de protección. Una recesión que, según los expertos europeos y nacionales, es casi seguro que durará todo el próximo año 2009 y es posible que alcance incluso al año 2010, de manera que, cuando llegue la recuperación, será más compleja y problemática que en cualquier ocasión anterior.

Convendría ir dejando de lado excusas y evasivas. Es cierto que la crisis financiera internacional aceleró el proceso de ajuste de nuestro sector inmobiliario y de la construcción, pero también es verdad que ha aflorado algunas debilidades, ciertamente no dramáticas, de nuestro sistema financiero.  El bancario es un sector intervenido, regulado e inspeccionado en cada país por los bancos centrales. En la actividad financiera, casi todo está determinado, desde la proporción de capital que deben tener las entidades, los límites de crédito a los clientes, el pasivo, la captación de depósitos… casi todo. En definitiva, el financiero no es un sector en el que cualquiera pueda instalarse y competir, porque sólo pueden estar en el mercado las entidades que decida la autoridad monetaria.

El sistema financiero español, tradicionalmente muy saludable y con mayor porcentaje de fondos propios que otros de países vecinos, tiene un elemento atípico, diferencial, que son las Cajas de Ahorro, que suman no menos de la mitad del total de créditos a familias y empresas y que han gozado de excelente imagen, acorde con la realidad, y sólo ahora un poco, muy poco, debilitada por lo que se ha conocido en relación con algunas actuaciones de la cúpula de Caja Madrid en el entorno del problema que condujo a la suspensión de pagos de la gran inmobiliaria Martinsa-Fadesa. Como sector, es un hecho que nuestros bancos y cajas han sido tradicionalmente ortodoxos en su comportamiento, pero quizá no han estado a la altura a la hora de afrontar problemas como la subida del precio del suelo, tanto urbanizable como rústico, y de las viviendas, o el exagerado aumento de la oferta monetaria. La paradoja es que los mismos bancos y cajas tienen ahora, en opinión de expertos solventes, riesgos muy altos, incluso algunos afirman que superiores a las entidades financieras de otros países. 

También se equivocaron las familias, al endeudarse muy por encima de su capacidad, afectada ésta por el valor de mercado de las viviendas, con lo que su patrimonio ha caído ahora espectacularmente, convirtiendo en temerario el endeudamiento adquirido. La pérdida de miedo al endeudamiento se había generalizado socialmente, y en ese clima de euforia, los promotores inmobiliarios no vacilaron en invertir en suelo, incluso rústico y dudosamente urbanizable, mucho más con endeudamiento en créditos bancarios que con fondos propios. Se produjo, en definitiva, un infundado optimismo triangular: de los banqueros, de los promotores inmobiliarios y de las familias. Un optimismo, además, que partía de supuestos inevitablemente llamados a desmoronarse antes o después, como que nunca faltaría liquidez para los créditos, o que el suelo siempre valdría mucho por la generalizada corrupción municipal, y desde luego que habría demanda para todo lo que se construyese. 

Tendrían que haber sido los bancos y cajas los que restringieran el crédito, ante la evidencia de que el suelo y la vivienda operaban en España con precios desmedidamente altos, pero se impuso la lógica de mantener la cuota de mercado, aún a costa de crecer el riesgo, porque cualquier otra alternativa era peor y no eliminaba el riesgo. Era un razonamiento lógico, porque ya se ve ahora, en plena crisis, que los grandes Bancos y Cajas son los que mantienen posición más sólida en el sistema financiero, en tanto aparecen inquietudes para los medianos y algo peor ya que inquietudes para los pequeños.

Han cambiado mucho las cosas. Y es que el volumen crediticio, expansivo a partir del año 2004, ha sufrido una seria caída en los primeros meses del año actual y puede haber entrado, a estas alturas, quizá por restricción de liquidez, en ritmo negativo de crecimiento, porque de repente, en el verano de 2007, la crisis financiera internacional arrancó del temor al dinero perdido en esas, ya famosas para siempre, hipotecas “subprime”, a las que Rodríguez Zapatero se ha agarrado como un náufrago, al igual que al precio del petróleo, aunque sólo sea para eludir las serias culpas del “pasotismo” que condujo a la inexistencia de una política económica digna de tal nombre.

Las dudas se extendieron enseguida a la calidad y valor real de todo tipo de activos relacionados con los créditos bancarios, afectando radicalmente al mercado interbancario, nacional e internacional, hasta el punto de que los bancos dejaron de prestarse dinero unos a otros. Así se convirtió en una crisis de liquidez, de restricción general del crédito, y puede ahora llegar a ser una crisis de solvencia, por lo menos incómoda para los bancos y cajas españoles, que son fuertemente dependientes del crédito internacional.

Pronto se ha visto que no había condiciones para ese edulcorado “aterrizaje suave” del sector inmobiliario que se vaticinaba. Finalmente hubo que aceptar la realidad del aterrizaje brusco, un auténtico frenazo. Y no todo se quedaba además en el problema inmobiliario, sino que afloraron como era inevitable los serios desequilibrios de nuestra economía. Así, el déficit de la balanza por cuenta corriente nos revela que ya en el pasado año 2007 gastamos 100.000 millones de euros más de lo que ahorramos. El endeudamiento exterior neto del conjunto de agentes económicos –Administraciones, familias y empresas– era de casi 730.000 millones de euros a finales de 2007, una vez descontado el saldo positivo de los activos del Banco de España. Malos, muy malos tiempos…
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