Luego de recordar que Morales pese a ser presidente no tiene esa condición castrense, Chávez respondió a Trigo, quien el viernes le pidió explícitamente no inmiscuirse en los asuntos de Bolivia, y admitió que su intención de respaldar militarmente a su colega boliviano constituye efectivamente una intromisión, pero que la ratificaba.
El derrocamiento o asesinato de Evo Morales le daría luz verde para una intervención militar en Bolivia, dijo Chávez el jueves. “Yo lancé una declaración muy fuerte, lo reconozco, y al mismo tiempo la ratifico. Nosotros no queremos meternos en las situaciones internas de cualquier país, pero si a Evo lo derrocan o lo matan, yo lo digo: no me voy a quedar de brazos cruzados”, resaltó en un acto militar, vestido con el uniforme de Comandante en Jefe de Venezuela.
El Presidente venezolano recordó que Trigo dijo que éste “no debe meterse en las cosas de Bolivia”, a lo que el mismo Chávez señaló: “Él es el Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas de Bolivia; fíjense, estoy hablando del Comandante en Jefe”, quien “se toma la libertad de, sin consultar con su Presidente, salir a responderle al presidente Chávez”.
“Pues bien —dijo—, yo le respondo al general Trigo: tiene usted razón, yo no debo meterme en las cosas internas de Bolivia, pero qué bueno sería oírlo a usted decir algo de la injerencia grosera y terrible del imperio norteamericano en su país. ¡Qué bueno sería oírle decir algo, señor general Trigo!”.
Acusaciones
Inmediatamente, Chávez acusó al general boliviano de formar parte, junto con otros altos mandos de ese país, de “una especie de huelga de brazos caídos” y así “le han permitido a los fascistas paramilitares masacrar al pueblo de Bolivia”.
“Si estoy equivocado, general Trigo, demuéstreme lo contrario y apoye al Presidente legítimo de Bolivia y no a los paramilitares o a los yanquis que quieren derrocar al Presidente de Bolivia; demuéstremelo general Trigo, demuéstremelo y tendrá mi mano de soldado”, le pidió tras recordarle que “le está hablando un soldado”.
El viernes, Trigo había señalado: “Al señor Presidente de Venezuela, señor Hugo Chávez, y a la comunidad internacional, le decimos que las Fuerzas Armadas rechazan enfáticamente intromisiones externas de cualquier índole”. Chávez también advirtió que una eventual intervención militar suya en Bolivia tendrá como precedente una acción del prócer independentista caraqueño Simón Bolívar, a quien debe el nombre el país del altiplano.
“En una ocasión, estando en Bolivia” y cuando “el imperio de Brasil, que lo era, invadió territorio boliviano”, recordó Chávez, Bolívar pidió autorización para que el Ejército Grancolombiano de la época hiciera frente “a las fuerzas invasoras”, lo que le fue negado por el entonces presidente del Congreso de la Gran Colombia, el bogotano Santander, para no poner en riesgo la vida de los soldados.
“Tiene usted razón, yo no voy a arriesgar ni un grano de arena de la Gran Colombia, pero a partir de hoy combatiré como un soldado boliviano (...) e iré hasta el corazón de Brasil y lo incendiaré. ¡Ése era Bolívar!”, subrayó Chávez.
El embajador de Bolivia en Caracas, Jorge Alvarado, dijo el viernes al respeto que mientras los militares de su país garanticen la democracia, la integridad territorial del país y la vida de Morales, no debe haber injerencia de ningún Ejército de otro país.
Otra cosa sería, añadió el diplomático, que se produjese un golpe de Estado o un atentado contra la vida de Morales, ya que bajo esas condiciones una intervención extranjera, como la planteada por el Presidente venezolano, serviría para restablecer el orden constitucional.
“El presidente Chávez —manifestó el Embajador— intervendría en caso de que haya un golpe militar, indicativo de que las Fuerzas Armadas estarían violando la democracia”.
Chávez acusó a Trigo de formar parte de una “huelga de brazos caídos” que permitió la “masacre”.
Los incidentes
El jueves, el Mandatario venezolano anunció que enviaría tropas si derrocan a Morales.
El viernes, el comandante de las FFAA bolivianas, Luis Trigo, le pidió que no intervenga.
Ayer, Chávez aceptó que interviene en asuntos internos, pero ratificó su advertencia.