Si usted fuese rector o canciller de una universidad, ¿qué le aconsejaría a su hija que le pide consejo, abrumada por la elección de tener que escoger entre una carrera que siente responde a su vocación de ver el mundo de diferente manera, por ejemplo filosofía, pero de poca rentabilidad económica, y otra, en cambio, de éxito social y altos ingresos pero que no tiene más fin que la utilidad? John Sexton, presidente de una de las universidades particulares más exitosas del mundo, la de Nueva York que es la de mayor tamaño en los EEUU, con campus en varias partes del mundo, había dado a su hija una máxima de sabiduría para orientarse en la vida: "persigue tus pasiones". Al correo que ella le envía, pidiéndole su consejo como "hombre práctico", Sexton le responde sin embargo: "Este es un consejo de tu padre, el práctico: persigue tus pasiones. Porque si las sigues, no sabes dónde te llevarán, pero seguro será una vida feliz, seas rica o pobre".
Esta anécdota, que aparece en una entrevista publicada en El País de Madrid, no pretende sin embargo dar una lección de sabiduría a los que la leen, sino realizar una reflexión sobre la universidad en la sociedad del conocimiento. Que el siglo XXI sea el siglo del conocimiento no quiere decir para Sexton que la universidad se transforme en una fábrica de científicos y técnicos -la pesadilla de Huxley, entre otras- y que se base exclusivamente en la ciencia y en la tecnología, sino también que incluya a las "humanidades, las ciencias sociales, los escritores, los poetas, los artistas". Precisamente porque la universidad es un bien público donde no se puede buscar solamente metas a corto plazo. La universidad no puede ser exclusivamente "profesionalizante", preocupada de formar estudiantes en una disciplina o en varias, sino en la "vida buena", de acuerdo al concepto aristotélico de tanta acogida en los EEUU actualmente.
La reflexión de Sexton sobre la universidad es esclarecedora en los momentos en que vivimos. Sexton hace mucho énfasis en la importancia del acceso a la educación superior. Para él, su país, los EEUU, está fallando en el acceso basado en el talento. Pero este acceso no puede entenderse como salida para obtener una profesión, sino que como bien público es una contribución a la sociedad.
Por eso, Sexton no cree que los políticos se interesen en serio en las universidades. Estas instituciones no dan éxitos (léase votos) a corto plazo.
La búsqueda de la "vida buena" aristotélica va en sentido inverso de las presiones políticas preocupadas de conseguir electorados a cualquier precio y en el menor tiempo posible.
Pero tampoco la universidad puede ser entendida como un negocio. Es el problema del financiamiento. Sexton comenta los casos de universidades que quieren ser creadas con un modelo de negocios, por ejemplo, por líderes en el golfo Pérsico.
Estos líderes quieren el retorno cuantificable de sus inversiones a corto plazo. "Eso esta condenado al fracaso, porque ninguna universidad de primera línea, ninguna gran universidad se puede tener como un negocio".
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