A propósito de una noche de nostalgia
viernes 26 de diciembre de 2008, 23:44h
Actualizado: 27 de enero de 2009, 15:26h
A medida que se va acercando el verano a nuestras vidas, también se aproximan días que interrumpen la rutina de miles de seres humanos. A medida que se aproximan, miles de añoranzas, recuerdos individuales cargados de emociones surgen en medio de la rutina diaria. Es en esta época, cuando nos detenemos, aunque sea por instantes, en pasadas fiestas lo que nos llena de nostalgias. Son momentos para recordar tiempos pasados y estampas de días que ya se han ido y que son recuerdos impresos en libros antiguos, en festejos ya olvidados o en fotos de color sepia.
Es en estas fiestas, cuando desenterramos las añoranzas ya sea en viejos juguetes o en algunas cosas que nos recuerdan a una persona en especial. Días de fiesta, de alegrías y de penas, llenos de viejos recuerdos de personas ya idas de nuestras vidas. En estas fiestas, muchos vuelven a su casa de manera física y simbólica. Y otros viven la Navidad a la distancia sintiendo la nostalgia de días más seguros y felices. Es por eso que la ausencia de seres queridos, la falta de la familia y el echar raíces en otros lugares supone en muchos casos pasar los días navideños de manera muy distinta a los que les vio nacer. Algunos, recuerdan la nieve y los desayunos en la cocina con los padres. Otros, los calores y la tarde de alegría que pasaron con los amigos o la familia. Época llena imágenes, palabras y notas musicales que de alguna manera nos evocan felicidad, tristeza y amores perdidos.
Es un tiempo en que por unos días se rompe la rutina cotidiana de las personas. No hay duda, llegan los calores que reciben al verano y con él, las reuniones y paseos de empresa, las reuniones de los grupos de amigos, los cientos de anuncios que seducen para que se compren productos, a las calles y árboles que se llenan de luces de colores, a los Viejitos Pascueros y los belenes, a los villancicos que se escuchan a todas horas, a los kilos de peso de más, a las cartas de los más pequeños donde ponen sus deseos y a la cuenta atrás que inician los mayores en la carrera hacía los preparativos. ¿Y todo porqué? por la Navidad.
Navidad nos transporta a un mundo de recuerdos gratos, la época de las abuelas, de esas cocinas tibias y llenas de olores que nos anticipaban la cena de Nochebuena, las chiquilladas, el discurrir de la vida sin contratiempos, la llovizna melancólica, el sol radiante, una taza de chocolate caliente mientras se disfrutaba la llegada del invierno o un vaso de refresco al caer la tarde calurosa.
¿Cómo no recordar la alegría de la mañana del 25 de diciembre, cuando al levantarnos encontrábamos la muñeca o el barco que habíamos pedido en la carta al viejo pascuero y salíamos a mostrárselos a nuestros amigos y a compararlos con los que habían recibido ellos? Y luego, el almuerzo en la casa de los abuelos porque nos habían avisado que allí también encontraríamos parte de nuestros pedidos. ¿Cómo no recordar ese tiempo cuando años más tarde al ordenar una vieja maleta o limpiar una habitación de la casa, aparecen las fotografías o encontramos el viejo chal con que el abuelo se tapaba las piernas mientras nos contaba sus historias, o su boina o su mate o el juguete de trapo que nos hizo la abuela? La nostalgia, la añoranza y recuerdos de ese tiempo, surgen porque es el tiempo el que le otorga valor a las cosas.
Por otro lado, las quejas por su llegada se multiplican por mil y con los años muchos apuntan a que estas fechas tan señaladas son puro marketing comercial. Sin embargo, tras estas compras, se encuentran valores sin los que estas Fiestas no tendrían sentido y algunos son tan grandes como el amor, la generosidad, las raíces y el sentimiento de unión; sentimientos que no entienden de distancias ni largos recorridos o de compras extenuantes cuando se trata de disfrutar las navidades en familia.
Navidad está revestida de un sentido religioso que lo envuelve todo, que nutre y limpia y hace compartir con otros la alegría porque la inocencia manifiesta de un Niño que ilumina esa noche, hace brotar la esperanza en los corazones heridos por la tristeza, por la soledad y la angustia. Esa esperanza, manifestada en una estrella que nunca deja de brillar, nos reinventa para seguir creyendo en la posibilidad de que, algún día, se podrá vivir en un mundo mejor.
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Loreto Soler
Periodista