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Euskadi, la financiación autonómica y la lluvia

Euskadi, la financiación autonómica y la lluvia

Desde el País Vasco se observa el revuelo que se ha armado con este abrupto asunto de la financiación autonómica, como se ve llover. Y es que es un debate y una polémica que no va con esta Comunidad Autónoma histórica. Y nunca mejor dicho lo de histórica, porque el reconocimiento de los derechos históricos- como si Castilla, León, Valencia o Cataluña misma, por no extenderme, no fueran históricas-  y de los privilegios que ello conlleva: el Concierto económico, nos deja a salvo de la acalorada disputa y del estruendoso alboroto que se ha armado, en estos últimos compases del 2.008, con el plan presentado por el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero.
En el País Vasco, que somos muy dados a reivindicaciones y a debates- de todos es sabido de que en cuanto se juntan dos vascos ya ha surgido un profundo debate sobre la naturaleza intrínseca de cualquier minucia, para nosotros transcendental- tenemos la cuestión de la financiación resuelta desde los primeros albores de la conformación de este nuestro Estado autonómico. Euskadi dispone, gracias al tan denostado Estatuto de Autonomía de Gernika, de capacidad legislativa en materia impositiva y capacidad para recaudar impuestos y autofinanciar los gastos de nuestra Educación, de nuestra Sanidad o de nuestras coberturas sociales. Luego se ajustan cuentas con el Estado, vía Cupo, y se contribuye a una parte tasada de los gastos comunes, léase aquellas competencias no transferidas, como el Ejército, las fuerzas y cuerpos de Seguridad del Estado o la representación ante los organismos internacionales y la acción diplomática. Por ejemplo, la policía autonómica a las órdenes de la Consejería de Interior del Gobierno vasco la pagan todos los españoles, ya que el País Vasco descuenta totalmente su factura de la contribución a los gastos generales del Estado por ser un servicio que presta la administración autónoma por cuenta del Estado.

    Este sistema se sustenta en el reconocimiento de la capacidad de autofinanciación del País vasco, una comunidad formada por tres territorios, a su vez también históricos, Vizcaya, Guipúzcoa y Álava, que cuentan con sus propias haciendas y sus propias asambleas legislativas con capacidad normativa en la materia. Y la mayoría de españoles olvida que, en España, tenemos cinco haciendas: las tres citadas de Euskadi, la de Navarra y la del resto de los españoles, y las cinco en igualdad de condiciones.

    Contar con Hacienda propia y sistema de autofinanciación propio da mucha tranquilidad y evita muchos disgustos, como al que asisten ahora la mayor parte de las autonomías. Por eso todos los partidos políticos en el País Vasco, desde los nacionalistas hasta el Partido Socialista de Euskadi, pasando por el PP, hacen de abanderados y una defensa a ultranza del status vasco. Mientras que el resto de las autonomías acaban al año a la greña con este tema de la financiación, aquí todos están ahora a otra cosa. Están pensando en la próxima campaña electoral vasca, prevista para mediados de marzo. Se hacen cálculos y quinielas en base a las prospecciones electorales y se afila el colmillo para hincárselo al adversario a la vuelta de las vacaciones navideñas. Lo dicho, la financiación autonómica se observa, desde Euskadi, como si lloviera.
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