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Brisas de esperanzas

Brisas de esperanzas

Junto con la fe, que es la firme y absoluta convicción de que algo es verdad, pero no por el hecho de que lo podamos comprobar si no por porque creemos que es así; con la caridad, que es la demostración de amor filial hacia nuestros semejantes, la esperanza, que significa "aquella que espera”, hace que iniciemos un nuevo año con vientos de cambios y de brisas de esperanzas en nuestras vidas.

Como las dos anteriores, la esperanza es adquirida por los seres humanos en el ejercicio consciente, libre y repetido de un actuar dirigido a encontrar una vida mejor. Confiamos más en la esperanza que en la gratitud, porque la esperanza tiene buena memoria, mientras que la gratitud es más olvidadiza. En nuestras vidas, al idear un sueño, creamos esperanza e inmediatamente surgen los recuerdos que nos remiten a tiempos no tan buenos, que nos hacen abrigar mejores días en el futuro.

La esperanza son las luces que se encienden en nuestros corazones cuando amanece un nuevo año. Nos permite desear, nos devuelve la voluntad de agente, de autonomía, y por muy engañosa que sea, sirve al menos para llevarnos al fin de nuestra vida por un camino agradable. Sitúa al hombre ante un horizonte de posibilidades. La esperanza, por tanto, lleva consigo la pasión que brota de la relación con sus semejantes y abre a unas posibilidades que se configuran sobre el horizonte del porvenir. Y desde este horizonte último de la esperanza, el ser humano hace que sus energías fluyan a fin de construir comunidad, solidaridad, fraternidad oponiéndose  la soledad y al egoísmo.

“¡Oh vosotros los que entráis, abandonad toda esperanza!”. Ponía Dante en la puerta del infierno y Martin Luther King decía que “si ayudo a una sola persona a tener esperanza, no habré vivido en vano”. En ese sentido, la esperanza es la fuerza que nos hace seguir hacia delante, es como miramos las cosas y como enfrentamos los problemas. Calma nuestras angustias, signo de vida, del rejuvenecimiento y de la regeneración. Perderla, es extraviar todo lo anterior y apagar la luz que vemos al final del túnel, que guía nuestros pasos y que siempre perseguimos con ahínco esperando, que al final del arco iris, esté la recompensa a todos los esfuerzos desplegados durante el año.

Siempre que comienza un nuevo año o cuando un nuevo gobierno asume la dirección de un país, la esperanza nos inunda porque esperamos buenas y nuevas cosas de este inicio en nuestras vidas. Además, la esperanza nos enseña que la fortaleza de las personas surge del amor de la familia y de los amigos y de la más profunda y absoluta convicción de que no importan tanto las dificultades que enfrentemos durante el año sino que interesa  como les hacemos frente porque las penas, alegrías, éxitos y fracasos que sorteamos, hacen que la vida valga la pena vivirla.

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Loreto Soler
Periodista
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