Como consecuencia, Metro intensificó esos controles para analizar el origen de los déficits, que le llevó previamente a descartar otras razones que pudieran explicar esos desajustes como errores en los softwares de las máquinas, errores humanos a la hora de programarlas o cualquier otra circunstancia posible.
Tras comprobar que las causas de los desajustes no eran ninguna de las anteriores, Metro extremó la vigilancia sobre la actuación del personal de la empresa de seguridad que se encarga del transporte de fondos de Metro, realizando comprobaciones aleatorias con el fin de estrechar el cerco sobre las posibles actuaciones irregulares.
Paralelamente, ya en octubre de 2008, el control realizado por el supervisor comercial de una de las estaciones de Metrosur permitió detectar que la saca proporcionada por unos vigilantes de Loomis, cuyo contenido estaba destinado a surtir de cambio a una de las máquinas, pesaba menos de lo que debería.
La caja era el botín
Tras las pesquisas pertinentes, Metro pudo saber que siempre que tres de los trabajadores de la empresa coincidían en un mismo servicio faltaba dinero. Lo pudieron comprobar gracias a que las monedas de las máquinas se van acumulando en una caja cerrada que se encuentra en el interior de la máquina.
Cada cierto tiempo, esa caja es sustituida por otra vacía. La caja llena es trasladada en furgón blindado hasta la central de la empresa de seguridad, y en el caso de estos vigilantes, tras coger la caja llena de monedas e introducirla en el interior del furgón blindado, abrían la caja y ahí se hacían con el botín.
En un último seguimiento que realizó Metro, y tras comprobar nuevamente que cuando coincidían los tres en una misma ronda se sustraían las cantidades, se avisó a la Policía, que se personó en la sede central de la empresa Loomis para detenerlos.
Se da la circunstancia de que los vigilantes de esta empresa realizan su recorrido cada día alternando las diferentes empresas para las que trabajan. Es decir, primero podían acudir a una estación de Metro para recoger la recaudación de sus máquinas expendedoras, después ir a otra empresa distinta, y más tarde volver a otra estación de Metro.
Investigación abierta
Aunque la investigación tanto policial como por parte de Metro de Madrid sigue abierta, la recaudación que ha podido ser sustraída desde que el suburbano detectara irregularidades en verano de 2008 podría ascender aproximadamente a 250.000 euros, lo que supondría el 0,06 por ciento de la recaudación en efectivo que se realiza en toda la red de Metro cada año.
Metro de Madrid, que se personará como acusación en los procedimientos judiciales que se deriven de estas actuaciones, exigirá a Loomis el pago de lo que se acredite como sustraído por sus trabajadores, quienes ya han dejado cautelarmente de prestar servicio para Metro de Madrid y a quienes no se les permitirá que vuelvan a trabajar en las instalaciones del suburbano madrileño en caso de que sean encontrados culpables.