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Panamá y el secreto de la inmortalidad

Una medusa que se regenera vive en todos los mares del planeta

Una medusa que se regenera vive en todos los mares del planeta

La Turritopsis nutricula no muere tras alcanzar su estado adulto, lo cual representa una invasión en toda regla. Silenciosa, lenta, invisible, pero no por ello menos real, este pólipo está presente en todos los océanos del planeta. La pequeña medusa, un hidrozoo que apenas alcanza el medio centímetro de longitud, tiene una característica que la hace única entre todas las criaturas del reino animal: la medusa Turritopsis nutricula es inmortal.

Turritopsis nutrícula es capaz de rejuvenecer, de regresar a su forma juvenil y repetir su ciclo vital hasta alcanzar una segunda madurez... y una tercera, y una cuarta, y así hasta un número de veces que es, según los científicos, potencialmente infinito.  La medusa es capaz de conseguir esta proeza porque ha descubierto la manera de modificar sus células una vez éstas se han diferenciado. Y de hacerlas retroceder a fases anteriores a su especialización. Se trata de un fenómeno llamado transdiferenciación que se puede ver, por ejemplo cuando un órgano dañado regenera sus tejidos. Sin embargo, para esta especie de hidromedusa el proceso es algo corriente en su ciclo vital.

Tras pruebas de laboratorio que se efectúan hace unos diez años, cuando fue descubierta la especie, el cien por cien de los ejemplares de T. nutricula analizados han madurado y vuelto a la juventud decenas de veces, sin perder en esos cambios ni una sola de sus características o capacidades. Los investigadores tuvieron que llegar a la conclusión de que la muerte orgánica es algo que en esta especie, sencillamente, no sucede.

La alarma sobre la inmortalidad de T. Nutricula fue dada el verano de 2008 por la biólogo Maria Pia Miglietta, de Pennsylvania State University, quien después de analizar al hidrozoo se dio cuenta de que la especie, originaria de los mares del Caribe, se había extendido prácticamente por todos los océanos del mundo.  La biólogo comparó el ADN mitocondrial de ejemplares de Turritopsis recogidos en Florida y Panamá con procedentes de otros lugares del mundo y que habían sido recolectados durante investigaciones anteriores. 

La comparación arrojó la sorpresa de que determinadas secuencias genéticas se repetían en ejemplares obtenidos desde Panamá hasta Japón. En quince de ellos, procedentes de ambos países y de las costas españolas e italianas, las secuencias eran idénticas. La existencia de este patrón implica una extraordinaria facilidad de movimiento, por lo que los investigadores creen que esa facilidad, igual que la de muchas especies marinas invasoras, procede de las bodegas y los tanques de lastre de los barcos que navegan por esas aguas.

 Los científicos no han podido arrancarle el secreto de la inmortalidad al pólipo.

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