Meter sesenta concentraciones (64 para ser exactos) en plan algarabía hispánica tiene como mucho mérito, sea quien sea el que las convoque. Incluso cuando la asistencia a las mismas sea problemática. Esto es lo que hemos hablado en el club, a la hora del aperitivo, mis amigos digamos que más engagés, más preocupados por la realidad cambiante que nos rodea.
Sí. sí, sí, amadísimos, globalizados, megaletileonorizados y enlazados niños y niñas que me leéis, hoy viernes y mañana sábado las gaviotas sobrevuelan el solar patrio. El peperío, convocando a la España decente, en un acto de gran apertura de miras, en el que no se hace acepción de personas, porque todos son bienvenidos: los de derechas (incluyendo la extrema), los de centro (¿existen?) y hasta los de izquierdas (¿irá alguno?), se dispone a ganar la calle. Todos con el lazo azul, es la consigna. Todos por la libertad de ¡¡España!!, amenazada –según ellos—por los pérfidos seguidores de ZetaPé.
Porque a los defensores de las esencias patrias, esto de que un tipo deje su ayuno y abstinencia en plena Cuaresma les sienta como una patada en los mismísimos... en los mismísimos principios constitucionales. Por eso convocan las concentraciones de hoy y la manifa madrileña de mañana.
Puestas así las cosas, pequeñines/as míos/as, uno espera que, dado que, hasta ahora, todas las manifestaciones en contra del Gobierno nunca habían sido convocadas por el Partido Popular de las Españas, aunque sus prohombres y promujeres más caracterizados/as estuviesen en primera línea de pancarta, se supone que a título personal, quizá convendría que hasta los venerables mitrados de la Conferencia Episcopal, se sumarán a tan magno acto.
Ya sé que esta convocatoria pone de los nervios al Gobierno en pleno, a sus aliados parlamentarios y a los más preclaros representantes del socialisterío. No hay para menos, claro. Porque a nadie le gusta –y a Rodríguez Zapatero como que tampoco—que se monte una algarabía callejera en la que menos bonito, le digan de todo. Pero, no obstante, no va a pasar nada... Se acerca la primavera, se augura un finde bonancible en lo meteorológico y algo tendrá que hacer la gente para distraerse ahora que ayer al Banco Central Europeo le ha dado por subir los tipos de interés, con lo cual mis amigos banqueros están encantados por las hipotecas de interés variable.
Además, que no hay nada como ver a las clases populares poniéndose de acuerdo en algo, aunque ese algo consista en vociferar contra el Gobierno paritario. Es algo que queda como muy democrático, ¿verdad?, además de ser un puntazo patriótico de muchísimo cuidado. Aparte de que, claro está, resulta un acto de justicia poética. Lo que yo os diga.
¿Os acordáis cuando hace tres o cuatro años, Él, Jose, el marido de Ana Botella, ponía de sala de partos sietemesinos a los sociatas e izquierdosos varios, a los que acusaba de pancarteros? Bueno, pues estos días, especialmente mañana, el pancartero lo será el propio Aznar. Entre un ondear de banderas rojigualdas, con o sin águila, su leonina melena ondeará al viento vespertino. Un momentazo, que diría Boris Izaguirre. Un momentazo que, sin duda alguna,será inmortalizado por las cámaras de Telemadrid, ese modelo de televisión pública, tan respetuosa con el pluralismo, como lo prueba que ahora esté haciendo un programa en ella ese modelo de objetividad periodística que es Ernesto Sáenz de Buruaga (¿os acordáis de él? ¿No? Bueno, tampoco importa).
Y, el domingo, claro la guerra de cifras de asistentes... La Delegación del Gobierno en la Comunidad de Madrid da los resultados a la baja... Sin embargo, el Gobierno de la Comunidad, el de Esperanza Aguirre, lo menos sube las cifras hasta la Bola del Mundo, que es un monte de la Sierra de Guadarrama. Y luego, desde la cadena mitrada, elevan hasta el mismísimo Cielo las cifras de asistencia. Quizá por ello, lo más conveniente, según me dijo Quico Boada, que sabe mucho de estadísticas, consista en obtener la media aritmética, obtener la raíz cuadrada del resultado y luego, tras multiplicarla por el 0,75, acabar diciendo que gente, lo que se dice gente, pues la hubo. Que es lo más sensato.