Bermejo se va y se lo pone crudo al PP
lunes 23 de febrero de 2009, 16:16h
El ya ex ministro de Justicia, Mariano Fernández Bermejo, ha dejado el cargo y ha metido en un compromiso enorme al PP, que ha usado la cabeza de este fiscal metido a político como diana de todas sus críticas y también para olvidar los marrones de espías y ladrones que no saben, los populares, como meterle el diente.
Está feo que, en pleno ajetreo de filtraciones de sumarios secretos en manos del juez Baltasar Garzón, el ministro de la cosa judicial de un gobierno de color distinto al PP se vaya de cacería con el instructor de la causa en la que aparecen ladrones de guante blanco llevándose beneficios y comisiones gracias a contratos con administraciones populares. Está mal y punto, pero no sólo por la imagen de compadreo entre ministros y jueces, sino también por el insulto a los más de tres millones de ciudadanos en paro y a los millones de habitantes del planeta España a los que la crisis económica les está tocando de lleno.
Cuando todos tenemos que apretarnos el cinturón, a la vez que nos acordamos de los banqueros, los ricos banqueros que ahora piden árnica a los que controlan los fondos públicos, unos señores se van al campo a pillar piezas de alto nivel y a gastarse en estas actividades lo que nos exigen a nosotros en concepto de ahorro. Pero bueno, el chaparrón pasó, el ministro se fue y el PP se quedó sin argumentos para contrarrestar las acusaciones referidas al uso de fondos públicos para espiarse entre ellos y para hacer prosperar empresas dirigidas por gachos que parecen maleantes finos, educados y con la buchaca llena de tanto robo.
Ahora los populares, al dimitir Bermejo, deberían predicar con el ejemplo y asumir alguna responsabilidad política por los espías y ladrones que salpican casi todo. Si los espionajes han sido realizados por alguien a sueldo de la Comunidad de Madrid, la dimisión es lo más razonable. Si el consejero Francisco Granados no sabía nada de lo que hacían los que venían de antes o de otro planeta, que lo diga después de dejar el cargo, y si sabía, igual. Eso se llama en política decencia.
Esperar a que venga la Guardia Civil a colocarte las esposas reglamentarias por un supuesto golferío para anunciar ceses y dimisiones es lo que hacen todos y es muy feo. Y si uno no vale para consejero, caso de Alberto López Viejo, tampoco será muy útil como parlamentario, por aquello de dignificar algo la actividad política. Que se pongan de acuerdo los dos grandes partidos en fijar cuándo hay que asumir responsabilidades política, más allá de las actuaciones judiciales, pero no en pasar página y sellar todo con un beso de padrino mafioso. Muchos diputados populares de la Asamblea de Madrid, sorprendidos por la caída de Bermejo, decían en silencio que “si no ponemos carnaza y entregamos cabezas, al final todos los tiros darán a Aguirre”.