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Confesiones de un feminista

Confesiones de un feminista

Mujeres: a punto de cumplirse el cuarto aniversario de la entrada en vigor de la Ley Orgánica de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género, un autodefinido como feminista exacerbado os ruega que aceptéis la asunción de parte por todo aquello que os ha tenido sometidas a la violencia, la humillación, la esclavitud y el olvido, no sólo durante los siglos pasados, sino especialmente en el momento que vivimos. Aquellos que nos consideramos o pretendemos considerarnos feministas deberíamos, antes de nada, identificarnos con la preocupación de Amnistía Internacional (AI) por la falta de puesta en práctica de las medidas contempladas en esa Ley, por la inadecuación de las mismas, por la falta de disponibilidad y accesibilidad de los recursos dispuestos y por el poco impacto conseguido en aspectos básicos de los itinerarios de las mujeres que aún sobreviven a la violencia de género.

    Nos hacemos eco del Informe de AI (“Obstinada realidad, derechos pendientes”) publicado a mediados del verano último, denunciando hasta un total de diez incumplimientos por parte del Gobierno en la aplicación de la Ley citada. Invitamos a la Ministra de Igualdad, Bibiana Aído, a que se decida a compartir el diagnóstico y el análisis de AI, aunque ella piense que la Ley ha facilitado más denuncias, menos impunidad, más recursos, menos feminicidios y más protección integral hacia las víctimas de la violencia de género. Los datos son escalofriantes: unas 10 mujeres han sido asesinadas por su pareja o ex pareja en lo que va de año en España; en los últimos tres años, la violencia de género (machista) se ha cobrado al menos 210 víctimas (mujeres), a cargo de sus parejas; más de 40.000 mujeres se han visto impelidas a recurrir a medidas de protección en España. Las formas de estos crímenes de género son de las más diversas y a cuál más crueles.

    María Naredo presentó en su día un estudio donde acusaba al Ejecutivo del presidente Zapatero de “autocomplacencia” y de no dar suficiente prioridad a este problema, y le pedía una mayor autocrítica y la adopción de medidas correctoras. La Ley Contra la Violencia de Género parece haber logrado calar entre políticos y ciudadanos, ya que intenta impedir que sigan muriendo mujeres –algunos hombres también, aunque en menor número- a manos de sus parejas o ex parejas, a veces ante sus propios hijos. Pero los datos objetivos contradicen este aparente avance. AI insiste en “los escasos resultados producidos en este periodo en relación al conocimiento y a la medición del fenómeno de la violencia de género”, y resume hasta un total de diez incumplimientos por parte del Gobierno que son, para la organización, “motivos de preocupación”. La magistrada de la Audiencia Provincial de Barcelona y miembro de Jueces para la Democracia y de la Plataforma Otras Voces Feministas María Sanahuja, exponía hace dos meses las razones del fracaso de la Ley aprobada por unanimidad por el Parlamento en 2004, y solicitaba un nuevo debate en el Parlamento que incluyera la valoración de “los resultados del camino andado”.

    Se han debatido y publicado recientemente algunas de las razones que están llevando al descalabro a la Ley Contra la Violencia de Género: periodistas que exponen de forma sensacionalista hechos no probados; mujeres que han abusado de la Ley con fines espúreos, aduciéndose a veces hechos falsos; manipulación o utilización discutible del Código Penal por parte de jueces, fiscales, policías, abogados, además de periodistas y mujeres, para obtener mejores condiciones y resultados en los procesos civiles de ruptura; presiones mediáticas intolerables; detenciones de cientos de hombres posteriormente absueltos, pero ya marcados para siempre; o utilización fraudulenta de la Ley para los propios fines, que han acabado desprestigiándola y, lo que es peor, sembrando la duda sobre miles de mujeres terriblemente maltratadas.

   Proliferan libros recientes y estudios estremecedores acerca de la violencia de los hombres sobre las mujeres, firmados por Consuelo Barea, Esperanza Bosch, Victoria Ferrer, Luis Bonino, Soledad de Andrés, Meredith Guthrie, Enriqueta Chicano María Jesús Miranda, Andrés Montero, Luisa Posada, Carlos Rozanski, Dolores Serrat… que deberían servir para cambiar totalmente nuestra mentalidad acerca de la relación hombre-mujer y, más profundamente, acerca de la idea que los hombres tenemos (por cultura, educación, o manipulación de siglos) sobre el sexo femenino.

    Los miembros (y miembras) de la Real Academia Española  deberían abordar de una vez por todas el injusto catálogo de conceptos y palabras aplicados de forma surrealísticamente distinta, según se refieran al hombre o a la mujer (por poner un solo ejemplo: hombre público, mujer pública). Es hora también de que los hombres abandonemos el lenguaje permanentemente machista que utilizamos en casa (“¿Te ayudo?” “¿Te llevo?” “¿Te hago el mercado?”). Uno de los grandes delitos que cometemos los hombres es nuestro imperdonable desconocimiento de la psicología y la sensibilidad de la mujer, que en gran parte puede esconder la causa última de la gravísima realidad que día tras día desvelan las noticias que vemos y oímos en los Medios de Comunicación.

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