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Vía democrática de la libertad

Bruselas propone a Bielorrusia participar en su Política de Vecindad

Bruselas propone a Bielorrusia participar en su Política de Vecindad

Como si de un folleto propagandístico se tratara, la Comisión Europea ha publicado un documento en el que ofrece a Bielorrusia participar en su Política Europea de Vecindad a cambio de respetar los derechos humanos y los principios y libertades típicos de un esquema democrático. La comisaria de Relaciones Exteriores, Benita Ferrero-Waldner, ha asegurado que el régimen de Minsk dificulta la colaboración con la UE por lo que el texto ha de servir para que los bielorrusos sepan que "se están perdiendo" ventajas de las que ya disfrutan los habitantes de países del antiguo bloque comunista como Moldavia y Ucrania.

El documento que ha presentado la Comisión Europea -en Bruselas y Minsk paralelamente- pretende hacer mella en el Gobierno y en la población de Bielorrusia. Bruselas ofrece la ayuda y las ventajas propias de su Política de Vecindad a cambio de un respeto por los derechos humanos y por las libertades típicas de un sistema democrático. En opinión de Benita Ferrero-Waldner, comisaria de Relaciones Exteriores, "los bielorrusos, principales víctimas del aislamiento político impuesto por las autoridades de su país, se beneficiarían de la Política Europea de Vecindad si Minsk se comprometiera a seguir la vía democrática". "Los bielorrusos deben saber lo que se están perdiendo".

"En cuanto el país nos haga saber que está dispuesto a caminar hacia una verdadera democracia y a respetar los derechos humanos, haremos de Bielorrusia un socio de nuestra Política Europea de Vecindad (PEV) ayudándole a mejorar la calidad de vida de sus habitantes", sentenció la austriaca. Con este tono, más propio de un mensaje propagandístico que político, el Ejecutivo comunitario deja la pelota en tejado bielorruso para que sea el régimen de este antiguo territorio soviético el que decida si merece o no la pena trabajar con la UE, como ya lo hacen otros países de la región, entre los que figuran Moldavia y su vecina Ucrania.

El intercambio

La oferta de Bruselas incluye nuevas relaciones comerciales "que estimularían la economía bielorrusa creando más y mejores posibilidades de empleo" además de una mejor cooperación transfronteriza; una mejora de los servicios sanitarios, educativos, medioambientales y energéticos; un mayor desarrollo de las redes de transporte; y una reforma de los sistemas jurídicos y judiciales para garantizar iguales derechos para todos.

Ahora bien, Bruselas no da duros a cuatro pesetas por lo que el pack completo supone pagar un precio al que, la situación política de Minsk, podría no querer hacer frente. Las condiciones de la Comisión pasan porque los bielorrusos puedan elegir a sus dirigentes democráticamente, expresarse libremente y tener acceso a informaciones que no van precisamente en la línea del Gobierno, constituirse en asociaciones y ser juzgados de forma transparente y justa por un sistema judicial renovado. Y por si esto fuera poco para el régimen de Minsk, Bruselas exige que Bielorrusia se comprometa a respetar los valores y principios de Naciones Unidas y de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE) cumpliendo con las obligaciones propias de cualquier miembro.

El caramelo que a cambio propone la Comisión se llama Política Europea de Vecindad, lo que se traduce en un apoyo comunitario a las reformas políticas, económicas y sociales de los países que deciden colaborar con la UE. En un nuevo intento diplomático, Ferrero-Waldner confirmó que espera "que los habitantes de Bielorrusia vean en este documento la oportunidad de girar hacia un destino democrático". "Espero que el Gobierno bielorruso decida poner en marcha reformas necesarias que permitan a su población salir del aislamiento en el que Minsk les ha sumido".

Y alabando las acciones comunitarias desplegadas hasta el momento en uno de los países más afectados por la catástrofe de Chernóbil de 1986, la austriaca recordó que la UE ha hecho todo lo que estuvo en su mano contra la trata de blancas en las fronteras bielorrusas. Lo cierto es que a lo largo de 2006, Bruselas ha llevado a cabo proyectos dirigidos a garantizar la independencia de los medios de comunicación del país así como la de la Universidad Europea de Ciencias Humanas, exiliada en Vilnius (Lituania) en la que se practican intercambios con estudiantes bielorrusos.

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