El debate sobre el estado de la nación, que tendrá lugar la próxima semana, sería una estupenda ocasión para que el PP y el Gobierno se tiren los trastos hasta decir basta y, a continuación, concluyan en la necesidad de un pacto de Estado para atajar la crisis económica. Pero no sucederá tal cosa. Hay una cita electoral a la vista (las europeas) y hace falta mucha altura de miras para no convertir el debate en pura dialéctica electoralista. No las hay. Y hacen falta también agallas para arriesgar los intereses partidistas en un eventual acuerdo. Y tampoco las hay.
Entretanto, al personal le importan las elecciones europeas menos que nunca y, según los últimos sondeos, no va a votar ni el tato. Lo cual es una desgracia, sin duda. Pero se comprende: tenemos otras cosas de qué preocuparnos.
Zapatero no parece interesado en ningún pacto de Estado con el PP: lo ha dicho hace nada en el Congreso de los socialistas gallegos, y sigue empeñado en un optimismo absurdo que va contra toda razón (y contra toda previsión). Resultaba patético escuchar el otro día a la vicepresidenta económica interpretar los datos del paro de abril: a
Salgado (y es de suponer que a Zapatero) le parece que casi 40.000 desempleados más es una buena noticia en vista de que las cosas podrían haber ido peor: es de imaginar que toda esa gente que se ha ido a la calle le habrá mentado la madre a la ministra.
Rajoy se dedica a pregonar a los cuatro vientos que de pacto nada: que lo de los 8.000 millones para los ayuntamientos es una tontería; que incrementar el déficit es suicida; que la rebaja fiscal de 400 euros es una chorrada... Pero ni una propuesta, como no sea eso de que necesitamos un sistema bancario que genere confianza y conceda créditos, voluntariosa petición al Altísimo que es de suponer no incluye algún tipo de intervención estatal en las decisiones de aquellas entidades que han recibido la ayuda del Estado, como ha sucedido en países rojeras como Estados Unidos.
Los sindicatos no están ni se les espera. Es más, hace unas fechas, el secretario general de Comisiones Obreras decía en una entrevista para el diario
El País, que tiene la autoestima muy alta (¿?). Y, en cuanto a los empresarios (o, para ser más exactos, la patronal de los empresarios) dale que dale a la matraca con la receta de siempre: la flexibilización del mercado laboral.
La verdad es que ni sindicatos ni empresarios contarían si el Gobierno y el primer partido de la oposición acordaran ponerse a la faena juntos y tiraran del carro. ¿No hay nadie que haga una encuesta para preguntar a la gente si considera que en la presente situación eso es necesario? Me barrunto cual sería el resultado. Y lo mismo nos hacían caso.