19 de Junio, 2009 Es necesario insistir en que resolver la Gran Crisis por la que México atraviesa requiere del Gran Esfuerzo de todos los mexicanos, unidos fundamentalmente en este momento en el propósito de dar solución a la complicada situación económica, la más grave desde la Segunda Guerra Mundial (presidente Calderón dixit), pero también en los objetivos de remediar el conflicto político que nos divide y paraliza a fin de resolver, en la democracia, los retos de la pobreza y la desigualdad, de corregir las fallas sistémicas del régimen electoral, de que la educación, el enfoque científico tecnológico y el premio al mérito sean los referentes principales y que se destierren las corrupción y la impunidad; de asegurar el desarrollo sustentable, de erguir, en fin, el alicaído espíritu nacional.
Y, como catalizadores del Gran Esfuerzo, se necesitan líderes auténticos para superar la mediocridad actual; líderes en los gobiernos, los congresos, las organizaciones sociales, los empresarios, los ciudadanos. Y llegar a resultados exitosos visibles para todos, que no se queden en giras y discursos; el éxito alimenta el éxito
Aunque hay algunos signos alentadores de que la crisis financiera internacional se aligera y que lo más negativo parece estar pasando, no puede desconocerse el impacto brutal que ha tenido ésta en México: la desindustrialización alcanzó en abril 18 por ciento anual (porcentaje de baja en las manufacturas), y las cifras de desempleados su mayor nivel histórico. Así, en los 6 meses y medio que faltan de 2009 será más necesario que nunca enfrentar esos retos y promover la inversión productiva para alentar un crecimiento, que debería ser de 8-10 por ciento anual, para atacar de raíz la enorme desocupación de nuestra mano de obra, muy en particular de los jóvenes mexicanos. Por supuesto, como dice Mauricio de María y Campos en sus relevantes propuestas para el desarrollo industrial: “Urge pensar en grande”.
En todo el mundo, el impulso está proviniendo de los gobiernos y en México no puede ser menos, por lo que es inmensa la responsabilidad del gobierno federal en la materia, pues tiene que resolver la difícil ecuación de ingresos
inestables por su alta dependencia del petróleo, la debilidad relativa de los ingresos impositivos, y la alta proporción de sus gastos no productivos. En el primer cuatrimestre de 2009, por primera vez en 19 años, el gasto corriente del gobierno federal fue superior a los ingresos tributarios, y se estima que en todo 2009 el gobierno federal tenga un déficit recaudatorio de 224 mil 700 millones de pesos.
Entonces (y sin desconocer, por supuesto, la responsabilidad propia de los gobiernos estatales en el saneamiento y manejo de sus presupuestos), el gobierno federal tiene que poner primero la tesorería en orden: su Plan B para sustituir en la hacienda pública los ingresos petroleros declinantes; incrementar su eficiencia recaudatoria, y, al tiempo que disminuye significativamente sus gastos, aumentar la productividad de los que permanezcan. Aun así seguramente será necesario un mayor déficit fiscal, pero uno que, al estimular adecuadamente el crecimiento, no comprometa la estabilidad macroeconómica en el mediano y largo plazos.
En relación al gasto gubernamental hay mucho por hacer. Primero, en su eficacia para contrarrestar la crisis, pues se presentan retrasos o lentos avances en la mayoría de programas del Acuerdo Nacional en favor de la Economía Familiar y el Empleo, así como en muchos de los grandes proyectos del Programa Nacional de Infraestructura, en este caso por falta de financiamiento o por trámites burocráticos. Segundo, en evitar el desperdicio de recursos, por ejemplo, los dedicados a la amplísima variedad de propaganda gubernamental, disfrazada o abierta, o a los onerosos procesos electorales; se hace urgente también un programa masivo de reforma administrativa del gobierno que permita reducir sus gastos corrientes y liberar mano de obra burocrática a nuevos programas. Tercero, es muy importante la inversión pública en carreteras, puentes y presas, pero es igualmente necesaria en proyectos que eleven la competitividad mundial de la economía mexicana: innovación tecnológica y ambiental, infraestructura educativa a todos los niveles, eficiencia energética.
Aquí emerge el grave problema del sector energético; no es aceptable lo que pasa en Pemex: producción petrolera a la baja, ingresos por exportación también, disminuciones en productividad, en el patrimonio neto de la paraestatal (¿no es necesaria ya una revaluación de activos?). México importa uno de cada cuatro litros de combustible que consume, y esto provoca la necesidad de un cuantioso subsidio a los consumidores (200 mil millones de pesos este año), pero no tenemos todavía un programa nacional de ahorro de energía ni se acaba de dar impulso a las energías renovables.
El sistema financiero es el aceite que permite trabajar fluidamente al motor de la economía, pero el nuestro es sumamente pesado: oneroso para el demandante de crédito, cicatero para el ahorrador, libérrimo para el especulador, por lo que es evidente que ya es indispensable una reforma financiera integral, con un Banco de México y una Condusef mucho más orientados a controlar los abusos de bancos y los distintos segmentos del sistema financiero, a estimular el ahorro con tasas de interés a los ahorradores varios puntos arriba de la inflación, al tiempo que se regula hacia la baja las tasas de interés y las condiciones usurarias de los créditos otorgados; regular mejor también la competencia entre los bancos y otros agentes financieros para evitar prácticas monopólicas. Todo ello, con instrumentos más efectivos para llevar a cabo ese control y capacidades de sanción a los que no cumplan sus disposiciones.
Aquí es relevante mencionar el problema de la eficacia del equipo económico del gobierno federal, Hacienda, Economía, SCT, Energía, Pemex: en tres años no han podido armar una estrategia coherente de lanzamiento de la economía mexicana ni de enfrentamiento efectivo a la brutal crisis económica que llegó de fuera. La renovación es apremiante, aunque faltaría ver quién sustituiría a quién, pues hemos visto las capacidades de reciclamiento que existen en el grupo.
Faltan pocas semanas para ver la capacidad que tendremos de salir de la parálisis de acciones públicas y de hacer verdaderamente, unidos en lo básico, el Gran Esfuerzo. El 6 de julio tendremos los resultados de las elecciones intermedias y sabremos si gobierno, partidos y la clase política están dispuestos a oír el mensaje ciudadano de hartazgo, a propugnar las reformas electorales que son evidentes y a llegar a los acuerdos necesarios para reducir sus prerrogativas y aumentar los recursos útiles a la sociedad. Llegará también el momento de que el gobierno federal presente el proyecto de presupuesto de 2010; buena oportunidad de comprobar si hay un planteamiento serio de reforzamiento de la estrategia de desarrollo en un contexto de unidad nacional, sin atole con el dedo.
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