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Cofrades de Pasión

Millones de españoles están estos días de vacaciones. Muchos de ellos, cada año más, acudirá a ver una procesión de Semana Santa o desfilará en las filas de una Cofradía. Algunos intentan transmitir que eso es folklore, espectáculo –y es verdad en parte-, tratando de minimizar lo que significa, la conmemoración del acontecimiento religioso más importante en la historia de la humanidad. Un hecho trascendental para la historia de Europa, de España y de cualquiera de las ciudades o de los pueblos de nuestra geografía. Nada de lo que somos hoy se puede entender sin esas raíces profundas. Y ese grito, esa creencia de los católicos, desde el respeto a todos, de que Cristo murió y resucitó es lo que conmemoramos los que creemos y los que no creen.
 
Decía monseñor Blázquez, presidente de la Conferencia Episcopal, que "no podemos clandestinizar la fe ni recluirla en las sacristías". Es seguro que cada vez se pondrán más dificultades a las manifestaciones públicas de la fe. Algunos querrían que ese mensaje se quedara en espectáculo o que no saliera de las iglesias. Los cristianos creemos que hay que contarlo en voz alta: ¡El Cristo del Perdón y del Amor ha resucitado! Lo hace cada día que uno de nosotros lo cree. Cada día que alguien acoge en su corazón a un inmigrante que viene con hambre de siglos y desesperanza eterna. Cada vez que apoyamos a los que son víctimas del odio terrorista. Cada vez que damos la mano a los que, por no tener, no tienen ni justicia. Cada vez que consolamos a los que sufren enfermedad y dolor... Cada vez que perdonamos. 

Ahora se lleva la "cultura de usar y tirar", pero la Semana Santa es otra cosa. La religión sale del templo a las calles manifestando una fe que perdura desde hace más de dos mil años y que siempre ha estado en al conciencia del hombre. La fe no puede recluirse "ni en el santuario de las conciencias ni en las sacristías ni en los templos". La fe es testimonio vivo. El grito de Perdón, de Amor y de Fe tiene que resonar alto y no sólo en Semana Santa. Si no hay público que lo escuche, el mensaje deja de serlo y, en cierto modo, se pierde. Las procesiones, las Vírgenes y los Cristos de esta Semana Santa son del pueblo y para el pueblo. Por eso, las Cofradías de la Semana Santa son algo tan especial. Cada vez que se levantan los pasos hacia el Cielo, cada noche que rompen el silencio de las calles, cada vez que uno de ellos mira a la Virgen y a la Cruz con esperanza y reconocimiento, cada vez que uno de nosotros se arrepiente, cada vez que pasa eso, Cristo vuelve a resucitar y resuena su mensaje de Amor sin límites. De amor a todos, de paz entre los hombres de buena voluntad. Y ese grito lo sacan a la calle los cofrades esta Semana Santa. Cada Semana Santa.
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