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¿Estamos locos o qué?

Valerio Lazarov

Valerio Lazarov

martes 11 de agosto de 2009, 14:39h
Me gusta escribir de todo. Excepto de necrológicas. Y, de hecho, pocas veces lo hago. Pero hoy los acontecimientos mandan. Pensaba hablar hoy del ataque de cuernos (justificado) de Hillary Clinton por el excesivo protagonismo de su marido Bill. Pero en periodismo si hay algo que manda es la actualidad. Y hoy ésta habla de la muerte de Valerio Lazarov.
A Valerio lo conocí hace unos cinco años en la Feria del Libro de Madrid. Presentábamos su biografía autorizada escrita por Álvaro Santamarina. Yo entonces era la directora editorial de Espejo de Tinta y publicamos aquél libro porque entendimos que era necesario hacer un homenaje a alguien que ha aportado tanto a la televisión en nuestro país. Aquel libro lo presentó Pepe Oneto e Isabel Gemio. Valerio habló muy poco. Era un hombre callado y silencioso. Yo creo que se expresaba mejor detrás de las cámaras.

A partir de entonces he coincidido muchas veces con él en los desayunos de prensa que organiza Europa Press en invierno en Madrid. Siempre discreto, callado, escuchando y saludando a todo el mundo. El lunes pasado, antes de cogerme las vacaciones y largarme de Madrid lo visité en su despacho de la Torre Picasso por un asunto que necesitaba consultarle. Mientras esperaba que me recibiera cotilleé la sala de espera dónde había fotos de Valerio, premios, recuerdos de toda una vida dedicada a la televisión. Despaché con él apenas media hora y en menos de diez minutos me dio su visión de cómo está ahora mismo la tele y el mundo de las productoras y los formatos televisivos. Se sabía la programación de pe a pa. Frente a él, ocho televisores con todo lo que estaba emitiéndose en directo en ése momento en España. Cuando me despedí de él le dije: ¿cuándo te vas de vacaciones? Ya me las he cogido, me replicó. Hablamos del día 3 de agosto. Pensaba quedarse ya todo el mes en Madrid planificando nuevos proyectos. ¡Qué trabajador eres!, le dije. Sonrió sin decir nada y ya me despedí de él. Por supuesto no pensaba yo que aquélla iba a ser la última vez que lo veía.

¡De Valerio se pueden decir tantas cosas! Pero les diré sólo una y es una reflexión que hago. La televisión que hoy en día conocemos, los formatos que tanto funcionan, la libertad para decir las cosas que tanto llenan luego los juzgados con querellas criminales, los planos a los que ahora ya estamos acostumbrados, esas maneras de enfocar, el zoom, que la cámara viaje detrás del presentador gracias a la steady cam… todas esas cosas las trajo Valerio. Inventó un nuevo lenguaje televisivo al que nadie en España estaba acostumbrado. Fue el padre de las mamma chicho, de VIP noche con Emilio Aragón. Todo aquello que en aquél momento nos impresionó,  lo trajo él. Y entiéndanme bien, por favor. No se trata de los contenidos. Está claro que las mamma chicho no eran la intelectualidad precisamente, pero era una manera diferente de hacer televisión. En aquella época todo el mundo entonaba la musiquilla: Ay mamma chicho me toca…que toca cada vez más! Además,  de aquellas fuentes bebieron todos los que ahora hacen tele en España.

Dice mi jefe, Fernando Jáuregui, en su columna de hoy que Valerio le dio una vez una lección: “Lo importante en periodismo no es enseñar a Fraga hablando en una rueda de prensa ante los micrófonos; eso lo muestran todos. Lo importante es grabarlo cuando sube las escaleras, manoteando, abroncando a sus colaboradores. Eso interesa más a la gente que la rueda de prensa en sí” Ése era Valerio. Ahora nos parece lo normal. Pero la primera vez que lo hicieron en televisión así, todos, sin excepción nos quedamos pegados al plasma. No sabíamos por qué. Pero él sí: nos mostraba una manera diferente de hacer tele.

Tele 5 le debe a Valerio mucho. Y el resto de las cadenas, también. Y los periodistas más. Que alguien, que en su día con tanto poder, aleccionara a la gente a decir sus opiniones fue una revolución silenciosa que demostraba a quién la impulsaba tener una clara conciencia de qué es tener libertad absoluta para decir la verdad de cada uno delante de las cámaras.
Valerio, descansa en paz. Y no montes un VIP cielo que te vemos capaz de todo.
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