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Pandemonium mundial en los medios

Cada día hay más diarios en el mundo que han tenido que cerrar sus ediciones impresas por falta de publicidad. Rotativos de prestigio que transitaron a diseños coloridos y de ediciones cuidadas, han cerrado.

Cada día hay más gente que no mira los noticiarios tradicionales, no lee periódicos impresos ni escucha la radio para informarse. Individuos con los que uno platica a los que no les hizo falta sintonizar el noticiario para tener una razonable idea de qué está ocurriendo en el país y el mundo.

El mundo ya cambió, pero aquí apenas nos damos cuenta. Mientras Obama ganó su presidencia con nuevas tecnologías como Twitter, aquí políticos creen ilusamente que existe un monopolio de medios de comunicación (en días pasados AMLO dijo que, para terminar con ellos, pedirá a Porfirio Muñoz que proponga una iniciativa de ley).

Algunos medios están a la vanguardia de su redefinición. No es casualidad que Televisa sea cada día más una empresa de tv restringida, enfocada en su nueva apuesta “Yoo” y que busque diversificar sus ingresos hasta con Genomma Lab. Tampoco es fortuito que la extensión de las capacidades editoriales de MILENIO, expresadas en su joven señal de televisión, sean comentadas con sonoridad. Había un hueco en el mercado.

Pero la mayoría de los medios transita hoy por una redefinición dramática. Unos tienen que cerrar. En días pasados, Reader’s Digest se declaró en bancarrota. En España, el Grupo Prisa vive una grave crisis. Recientemente fracasó en lograr una alianza con una cadena televisiva. El propio Financial Times lanzó una convocatoria masiva para encontrar el nuevo modelo de negocio que le permita a la industria ser viable financieramente. Y Rupert Murdoch, el magnate de News Corp., opera ya casi a diario una aparición mediática orientada a salvar sus barcos. Es el pandemónium de los medios.

¿Cuánto vale el contenido? Ésa es la pregunta que se hace toda la industria. ¿Deben ser gratuitas las ediciones online de los diarios? ¿Por qué? ¿Debe cobrarse? ¿Cuánto?

¿Más? El aparato Kindle está por hacer desaparecer a las casas editoras de libros. Es cuestión de meses. De ahí el miedo y la desesperación mundial de muchos de los que se dedican a estos negocios.

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Opinión extraída del Periódico Milenio 02/09/2009

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