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En búsqueda del equilibrio perdido

En búsqueda del equilibrio perdido

martes 06 de octubre de 2009, 04:12h
Actualizado: 25 de enero de 2010, 16:39h

Lo habían adelantado interpretaciones libres de la realidad boliviana y lo confirmaron trabajos académicos al respecto: las turbulencias desde el año 2000, el resquebrajamiento de un Estado chico para un país grande, el ascenso a la presidencia de Evo Morales, con todo el aparato discursivo, simbólico además del remezón en nuestras estructuras como sociedad, han dado paso a una Bolivia de cambio para muchos, a una Bolivia en decadencia y retroceso para otros. Éste es el punto: las miradas antagónicas del país a mediano y largo plazo. Éste es el problema: las miradas sesgadas y contaminadas de mezquindad. Éste es el reclamo: recuperar los equilibrios, dibujar matices, abrir abanicos.

Se ha constado en innumerable diálogos y debates cómo los medios privados y estatales, de manera general, han impulsado la lectura en blanco y negro del país. Salvo medios concretos o periodistas con nombre y apellido, se ha tapado el equilibrio con pasiones desenfrenadas o intereses particulares y esta crisis en la que ha caído el periodismo boliviano aún no ha sido discutida en un escenario verdaderamente autocrítico.

El terreno estrictamente político es el hueco de un queque poco atractivo. Poder Ejecutivo, Legislativo, prefecturas, comités cívicos, organizaciones sociales, municipios, en todos se justifica lo propio y se deslegitima lo que no es masista o no es cívico cruceñista o no es manfredista y así según la venda ideológica. Y es que se puede militar aquí o allá o tener adherencia a un proyecto político y no por eso caer en la espiral de la intolerancia y en la insoportable mezquindad del ser.

¿Está la sociedad civil limpia de pecado? Las encuestas y los espacios con participación ciudadana y lo que se escucha en el minibús muestran que no. Nos hemos, en gran parte, dejado arrastrar por la irracionalidad de ciertos actores políticos, nos hemos dejado contagiar por el titular en letras rojas cargado de mala leche, por la presentadora de televisión con cara de ángel que nos ha hecho olvidar el contexto complejo de la noticia. Los síntomas de la locura han atravesado la piel del ciudadano (o persona) común que cuando participa en un programa radial o televisivo respira odio y desprecio por lo que no se ajusta a su mente o a su corazón. Quiere decir algo y le salen sapos de la boca.

Hay quien dice que la esperanza está en esferas académicas, en las universidades, en los rincones intelectuales. De repente como en todo, como en la política pura y dura, como en algunos medios de comunicación, como en algunas casas o en algunas plazas: hay personas que siguen obedeciendo su conciencia y hablan y actúan con buena fe como hay de los otros. En las investigaciones serias o en los análisis sesudos también se filtra la intolerancia y la estrechez. Hay intelectuales con mente abierta como profesores o directores de carreras universitarias a los que les salen sapos y culebras de la boca.

Lo más amargo es que el preludio de las tan próximas elecciones asegura el candado de nuestras cárceles.

* Doctora en comunicación

lapinbenavente@hotmail.com

 

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