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Delincuentes, quizás, y también personas

Delincuentes, quizás, y también personas

Si no es Garzón, alguien será el responsable y deberá  pagar por ello. Esta
humillación, esta denigración de unas personas detenidas, no puede quedar en nada.

En el grado de responsabilidad que haya, que se corrija debidamente. Unos detenidos -los que sean, como se llamen y como vistan-, por el simple hecho de estar detenidos por orden judicial y por muchos indicios de haber cometido delito que pesen sobre ellos a juicio del juez instructor, no dejan de ser personas.

Y como tales, merecen el debido respeto, compatible con la acción de la justicia, no de la arbitrariedad, la incompetencia o la laxitud profesional. Y menos de la impiedad de  esa voz del rencor que ha amando del presidente de Cantabria, Miguel Ángel Revilla, qua encuentra “edificante y maravilloso que los traigan esposados y que los veamos”; incluso cree “que hay que exponerlos un rato para que vean que han de someterse , como mínimo, a parte de los años que les puedan meter en la prisión, al juicio de los ciudadanos, a la vergüenza de sus conciudadanos y de sus familiares”. ¡El regreso a la Edad Media y aún mucho antes!

Precisamente, cuando la propia Audiencia Nacional ”ha ordenado abrir un expediente informativo para aclarar lo que pasó en el traslado de los presos preventivos del caso Pretória” y “para tomar las medidas oportunas y evitar que en el futuro puedan repetirse situaciones similares, sin perjuicio del tipo de delito y de su gravedad”.

Como no es ni mucho menos la primera vez que ocurre, este expediente debería acabar en la oportuna sanción al responsable o responsables de esta idignidad en el ámbito judicial, y que lo ensombrece. La condenable indignidad del  “maltrato de personas” (como se adelantó en calificar la escritora Maria Pau Gener, incluso antes de ser imputadas y sentenciadas, y con “penas” que ningún código establece. Ni para ricos, ni pobres, ni para políticos ni empresarios, ni para alcaldes o chorizos.

Las sentencias, cuando las haya, deben ser justas. Y las medidas cautelares preventivas proporcionadas, nunca vengativas. La venganza, el encarnizamiento, no es del reino de la justicia, ni ninguna justicia. Pertenece a la barbarie, de cuando no había personas, sino esclavos. Antes o después de la cárcel; dentro o fuera de ella , las personas siempre son personas, amparadas por los Derechos Humanos. ¿O es que vamos a instaurar un Guantánamo?


*Wifredo Espina es comentarista político y abogado.
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