Todo estaba preparado para que a Rajoy le saliera el día redondo en el Congreso de los Diputados, en el debate sobre la Ley de Estabilidad Presupuestaria. Pero no contaba con que iba a ser golpeado por Zapatero con el 'espíritu latente' del alcalde de Madrid, Alberto Ruiz-Gallardón.
Debía Rajoy -o sus asesores- haber esperado una salida airosa de Zapatero -acorralado, por otro lado, en cuanto a datos económicos- ante la propuesta de Rajoy de reducir el gasto público, y, en definitiva, el endeudamiento. En ese punto, ZP se zafó sin dificultad: puso como ejemplo de '(in)coherencia' del PP que su líder, Rajoy, dijera lo que estaba diciendo en el Congreso, y que Ruiz-Gallardón haya convertido Madrid en una de las ciudades más endeudadas de todo el mundo, y con una descomunal subida de impuestos, a más de más.
Rajoy perdió el color. La respuesta de Zapatero fue un guantazo en toda su cara. Los populares fueron pillados in fraganti por culpa de la pésima política económica, de obras e impositiva de Gallardón, el hombre que, además, quiere arrebatarle el liderazgo a Rajoy. En el PP se teme, por si fuera poco, una notable pérdida de votos para el Ayuntamiento de Madrid.