Escribo este editorial poco después de que la Superintendencia de Telecomunicaciones resolviera suspender las emisiones de Teleamazonas por tres días. Espero que cuando este texto se publique, el canal esté nuevamente al aire. Tenía listo otro artículo, uno más liviano, más acorde con estas fechas, pero el cierre de Teleamazonas me obligó a archivarlo. En estas circunstancias, no es posible ni ético hablar de algo que no sea este nuevo y desvergonzado atentado contra la democracia en Ecuador.
En un inicio pensé en aprovechar este espacio para exteriorizar mi indignación, para denunciar el golpe a la libertad de expresión que esta sanción significa, para poner sobre el tapete esta nueva “coincidencia” entre los regímenes de Ecuador y Venezuela. Podría haberlo hecho, podría haber usado palabras como dictadura, tiranía, atropello, pero para cuando este texto se publique otros ya lo habrán hecho antes y, seguramente, mejor.
Por eso prefiero hablar del lado positivo de la suspensión a Teleamazonas.
Pues, aunque suene incoherente, lo hay. Porque la medida ha puesto en evidencia hasta dónde es capaz de llegar el Gobierno en su afán por acallar las críticas, y confío en que eso abrirá los ojos a más ecuatorianos. Porque, en el contexto actual, la suspensión a Teleamazonas resalta el peligro que representa la propuesta oficialista de Ley de Comunicación.
(Pienso en los asambleístas que han presentado el proyecto y han defendido la creación de un Consejo de Comunicación sancionador y sumiso al Ejecutivo, pero no vale la pena gastar espacio en ellos, que más que rechazo provocan lástima o vergüenza ajena).
Sé también que, al contrario de quienes ahora abusan de su efímero poder, Teleamazonas (la prensa en general) saldrá fortalecida de este episodio. Aún así, quiero expresar mi solidaridad con sus directivos y empleados, especialmente con Jorge Ortiz, a quien el Gobierno ha tenido la bajeza (otra de sus tantas bajezas) de querer convertir en el rostro de la oposición, con los riesgos que eso implica para este periodista de respetada trayectoria.
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