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La crisis alarga su horizonte

La crisis alarga su horizonte

sábado 16 de enero de 2010, 18:16h
Actualizado: 18 de enero de 2010, 09:03h
Hubo un concepto –algo más que un concepto–  que fue el gran éxito de la transición y lo que nos permitió afrontar nada menos que un cambio político histórico en circunstancias económicas peor que difíciles y en un país históricamente difícil para la convivencia y las transigencias. Entre todos, izquierdas y derechas y moderados de todos los matices, trabajaron y consiguieron el consenso de las fuerzas políticas y sociales, de alguna manera, la compartida voluntad de moderar y posponer muchas de las discrepancias en aras del trabajo unido en lo que era sustancial para el país, la consolidación democrática y el bienestar de los ciudadanos. Lo llamamos “consenso” y entre todos también –políticos, periodistas y ciudadanos del común– lo hicimos venturosamente posible.

Sucede en España, ahora mismo, en medio de las dificultades y distorsiones producidas por la persistencia de la crisis económica –peor comparativamente en nuestro país, ya reconocido como “el enfermo de Europa”–, que se agudiza la afectación de nuestra economía por la supervivencia del Gobierno quizá menos democrático en términos reales, más intervencionista por tanto, desde que se produjo el cambio democrático, supervivencia que sería sorprendente si no la explicase la forma en que se gestiona la oposición política.

Cómo haya llegado a ser posible que un partido de la importancia, tradición y peso social del PSOE cayera en manos de alguien tan ausente de cualidades es algo que sin duda nos revelerán los historiadores, pero que resulta particularmente grave en esta etapa crucial de la crisis económica global y cuando es inaplazable luchar contra la crisis y poner las bases de un modelo eficaz y estable de recuperación económica. Que sea nada menos que Rodríguez Zapatero el jefe, con su corte de los milagros, de un partido de la decisiva importancia social y política del PSOE es sin la menor duda una desgracia en la línea de la mala suerte política que tantas veces se ha hecho presente en la difícil historia de nuestro país y que creíamos superada en los años de luces de la transición.

Es un presidente que no quiere el consenso, que lo rechaza emocionalmente cuando la profundidad de la crisis económica agudiza, en España, las dificultades y por tanto la necesidad de aquel consenso perdido. Hace unos días, nada menos que THE ECONOMIST lanzaba el cálculo de que el precio del patrimonio inmobiliario español sigue sobrevalorado un 55%, con lo que ello significaría, de ser cierto, para el futuro a corto plazo de todo el sector. ¿Estamos cercanos a reproducir el famoso y terrible estallido de la “burbuja inmobiliaria” japonesa hace dos décadas? Bien pudiera ser. Es suficiente con recordar que en Japón fueron millones los arruinados por aquella burbuja inmobiliaria y que el precio de la vivienda estuvo cayendo no tres o cuatro o cinco años, sino más de diez años.

Incluso con una economía tan bien dirigida, tan responsablemente asumida por empresarios y trabajadores, tan honesta en el sector público, Japón vivió un extraordinariamente largo vía crucis. Y eso que en Japón no hubo cosas tan estrambóticas como, por sólo poner un ejemplo, el llamado plan E de nuestro inverosímil Gobierno actual. De ahí que no sean pocos los analistas que temen que el desastre del sector inmobiliario español vaya a ser mucho más profundo, contundente y duradero. ¿Por cuánto tiempo? Los analistas temen que más de una década. Algunos tememos que se quedan cortos y que nos falta mucho y malo por ver.
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