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Los peores tiempos para el periodismo

Los peores tiempos para el periodismo

jueves 20 de mayo de 2010, 18:40h
Hace más de un siglo y medio ya lo dijo Charles Dickens, el maestro de la crónica y la narrativa: “Los peores tiempos para el periodismo son los mejores tiempos para el periodismo”.

Y tuvo razón. Tiene razón. Siempre tendrá razón.

¿Por qué quejarnos ahora de que los periodistas ecuatorianos vivimos malos momentos bajo un régimen y un entorno donde se nos descalifica, se nos agrede, se nos ataca, se nos amenaza, se nos advierte, se nos estigmatiza?

¿Por qué quejarnos si, en realidad, todo gobierno (populista de derecha, como el febrescorderismo del siglo XX; populista de izquierda, como el correísmo del siglo XXI) no parece tener otro sentido de existencia que es el de reprimir el pensamiento diferente, acallar las voces críticas, silenciar las opiniones discrepantes, impedir la deliberación pública…

Controlar, además, los contenidos de los medios, atemorizar a la prensa y a los periodistas con el fin de que estos se autocensuren, lograr que los espacios informativos se vuelquen a fav0r de la propaganda ideológica oficial; reclutar a intelectuales, analistas, catedráticos, periodistas y artistas para que se sumen al “proyecto” a cambio de puestos burocráticos, becas, auspicios, financiamientos…

En situaciones como estas (las del siglo XX y las del XXI) siempre existen y existirán enemigos de lo plural, de lo democrático, del debate, de la tolerancia, del respeto al otro.

¿En realidad vivimos ahora los peores tiempos para el periodismo en el Ecuador?

Yo no lo creo. Llevo 26 años en el oficio y fui testigo directo de cómo el populismo derechista de León Febres Cordero (1984-1988) nos persiguió, acosó, amenazó, espió, persiguió…

Y ahora también soy testigo directo de cómo el populismo izquierdista de Rafael Correa (2007-…) nos ataca, nos estigmatiza, nos ironiza, nos ridiculiza, nos descalifica…

Con menor intensidad lo hicieron todos aquellos mandatarios que pasaron por el palacio de Gobierno luego de Febres Cordero y antes de Correa.

Lucio Gutiérrez dijo un día que su sueño era que el Congreso aprobara una ley contra los periodistas chismosos, que eran un peligro para el Estado.

Jamil Mahuad (el simpático) se negaba a dar entrevistas a los pocos periodistas que mantenían distancias con él.

Osvaldo Hurtado (antecesor de Febres Cordero) clausuró algunas radios, entre ellas Radio Noticia, del venerable maestro Arcesio Arcentales, justamente cuando un grupo de jóvenes estudiantes de periodismo -entre ellos, yo- informábamos cómo el Ejército disparaba contra los manifestantes en la huelga general de noviembre de 1983.

Rodrigo Borja (el supuestamente tolerante) cerró Radio Sucre porque el dueño de esta emisora aseveró que el hermano del “Presi” estaba relacionado con oscuras compras estatales.

Sixto Durán Ballén (el viejito bonachón) amenazó a los periodistas y medios que investigaron los casos ”Flores y miel” y aeropuerto Los Perales.

Abdalá Bucaram hacía cadenas nacionales para atacar a los medios “serranos” porque, según él, estos eran culpables de la inestabilidad política y económica del país al investigar supuestos hechos de corrupción.

Supongo que si con Mahuad, Bucaram o Gutiérrez no se profundizaron las actitudes contra el periodismo crítico fue porque ninguno de ellos tuvo tiempo para armar estrategias de mediano y largo plazo destinadas a minar la reputación y la credibilidad de los periodistas.

Pero con ellos y con los demás siempre ha sido conflictiva la relación entre el poder político y la prensa. Es cierto que unos momentos han sido mucho más tensos que otros, pero no es cierto que lo que vivimos ahora es una situación penosamente especial y hasta trágica para los periodistas.

Por eso me parece tan pertinente la frase de Charles Dickens: “Los peores tiempos para el periodismo son los mejores tiempos para el periodismo”.

En las circunstancias históricas más difíciles surge el periodismo de mayor calidad.

Me pregunto qué esperamos para dejar de lamentarnos y hacer ese gran periodismo que hace rato el país demanda de nosotros.
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