El hallazgo casual en Arjona (Jaén) de la Caja de los Guerreros, una urna cineraria encontrada el año pasado tras unas fuertes lluvias, llevó el descubrimiento de una necrópolis ibera del siglo I antes de Cristo, unos trabajos arqueológicos que se presentarán en junio en una reunión internacional.
La originalidad de La Caja, de forma cúbica y realizada en piedra arenisca, consiste en que en sus cuatro paredes laterales se representan en relieve diferentes escenas de duelos, con luchas entre dos guerreros, tanto a caballo como a pie. Se cierra con una tapadera con botón, realizada en el mismo material con sogueado en aspa y en bordes, decoración que también separa las distintas escenas de la lucha.
En su interior se encontraban intactas las cenizas de dos personas, que, según un forense de la Universidad Complutense de Madrid que ha analizado los restos, pertenecen a un hombre y una mujer, quemados a menos de 800 grados y cuyos restos fueron recogidos de forma minuciosa, como lo demuestra el que se hayan encontrado algunos trozos de huesos de la mano y el pie. El hombre era fuerte, de cuerpo atlético, con lesiones y enfermedades propias de las podría tener hoy un deportista, lo que da la idea de que pudo ser un guerrero, mientras que la mujer era más joven y de cuerpo grácil.
El hallazgo se produjo de forma casual tras las lluvias el año pasado en las inmediaciones de Arjona, una ciudad que durante el Imperio romano fue conocida con el nombre ibero de Urgavo o Urgao. Como las lluvias de este invierno amenazaban con dañar el yacimiento, Arturo Ruiz y Manuel Molinos, director y subdirector del Centro Andaluz de Arqueología Ibérica (CAAI), respectivamente, promovieron una intervención arqueológica de urgencia, realizada entre febrero y mayo pasado.
Estos trabajos han permitido recuperar más de veinte enterramientos, en su mayor parte colectivos, que se fechan en el siglo I antes de Cristo y que muestran ritos de cremación de clara tradición ibera. Precisamente una de sus singularidades es, según ha explicado Arturo Ruiz, que todo el contexto es ibero, en una época en la que ya llevaban dos siglos conviviendo con la cultura romana.
De entre todos los enterramientos destaca una cámara, de mayor tamaño, de cuidada mampostería, con acceso por escaleras y un rico ajuar, que en la actualidad se está estudiando y cuyos resultados se darán a conocer el 17 y 18 de junio en Arjona, en una reunión internacional en la que también se debatirá sobre la importancia de la iconografía representada en la Caja de lo Guerreros.
En este encuentro estarán presentes, entre otros, expertos de la Universidad de Perugia (Italia), de la Escuela Española de Historia y Arqueología de Roma, de las universidades Complutense de Madrid y Alicante, e investigadores del CAAI.
La Caja, que se ha entregado al Museo Provincial de Jaén, se incorpora a las colecciones iberas para ocupar un lugar significativo de las salas de exposición permanente. En la entrega participaron la delegada de Cultura, Mercedes Valenzuela; el director del Centro Andaluz de Arqueología Ibérica (CAAI), Arturo Ruiz, y el alcalde de la localidad, José Puentes, quien explicó que el hallazgo se produjo hace unos meses como consecuencia de las riadas que provocaron las lluvias del pasado invierno y que sacaron a la luz los restos.
UN DESCUBRIMIENTO EXCEPCIONAL
La urna, fechada en el siglo I antes de nuestra era, es de tamaño reducido, tiene forma cúbica y está realizada en piedra arenisca. Debe su nombre y originalidad a que en sus cuatro paredes laterales se representan escenas de luchas entre dos guerreros, que aparecen en distintas actitudes, a pie y con espada o a caballo y con lanza.
En su interior, según los primeros resultados del estudio forense del doctor Trancho, de la Universidad Complutense de Madrid, había restos de un hombre y una mujer, que fueron cremados a una temperatura no superior a los 800 grados, algo habitual en la cultura ibera. Por algunos huesos que no se quemaron completamente, se sabe que la mujer era de aspecto "grácil", mientras que el varón era de complexión fuerte y tenía patologías típicas de una marcada actividad física.
La 'Caja de los Guerreros' de la antigua Urgavo, nombre ibero de Arjona, fue encontrada casualmente por dos vecinos que la entregaron al alcalde, al que informaron de que había más piezas que podían correr peligro por el efecto del agua. Por ello, el CAAI promovió una intervención de urgencia ante la Junta de Andalucía que se desarrolló entre los pasados meses de febrero y mayo y que contó con la colaboración económica del propio Centro, el Ayuntamiento y la Asociación 'Amigos de los Iberos'.
NUMEROSOS ENTERRAMIENTOS
Gracias a esta excavación, según destacó Ruiz, se ha recuperado en la Cuesta del Parral más de una veintena de enterramientos, en su mayor parte colectivos, que se fechan en el siglo I A.N.E. y que muestran ritos de cremación de clara tradición ibera. En este sentido, añadió que el valor de la urna depositada hoy en el Museo y del resto de tumbas es que pertenecen al iberotardío, periodo final de esta civilización del que apenas se conocían restos similares, ya que la mayoría de necrópolis aparecidas son del siglo IV A.N.E.
"Lo importante es que los elementos romanos no se notan. Todo el concepto de la muerte es todavía ibero y se sigue utilizando las inscripciones iberas y no en latín a pesar de que la llegada de los romanos se produjo dos siglos antes", subrayó el arqueólogo, quien insistió en que hallazgos como este reflejan que el peso de la cultura propia seguía siendo "muy fuerte", si bien también se dan cambios como la aparición de enterramientos conjuntos, familiares, frente a los fechados tres siglos antes, en los que se separaba al hombre y la mujer.
Además, matizó que ya no se trata de la gran escultura funeraria aristocrática, visible en los relevantes yacimientos de Cerrillo Blanco de Porcuna o El Pajarillo de Huelma, sino que pone de manifiesto una "democratización de la imagen" en la que "todo el mundo empieza a representarse".
Por otro lado, el director del CAAI aludió a otro de los descubrimientos más sobresalientes de la necrópolis: una cámara, la de mayor tamaño, con una cuidada mampostería, acceso por escaleras y un rico ajuar que actualmente se encuentra en fase de estudio.