Y si esto ha cambiado de verdad. Y si resulta que España puede ir de favorita sin pegársela en la primera curva. Y si ahora todo el optimismo que envuelve de un tiempo a esta parte nuestro deporte también se detiene en la selección. Y si ahora ganamos el Mundial. De momento, estamos en la pelea y con las mismas sensaciones que hace dos años cuando levantamos la Copa de Europa en Viena. Un hito, que ha servido para que haya un antes y un después. Ahora todo es posible. Eso sí, no se olviden que todavía no hemos pasado los malditos cuartos.
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Ya dije, antes del Mundial, que a mi generación le habían marcado demasiados fracasos como para pensar que la deuda no estaba suficientemente pagada con el triunfo en la Eurocopa y que un Mundial es mucho más difícil. Sin embargo, también soy de una generación que, a pesar de todo, se ilusiona con ‘dos de pipas’ aparca la lógica para soñar. Y a mí ya no me da miedo nada. Que pase Paraguay.
En el plano futbolístico el partido tuvo poca historia en el terreno de juego y mucha intrahistoria fuera de él. Era como si se tratara de un Barça-Madrid, aunque esta vez
Del Bosque entrenaba a los blaugrana y Queiroz, su reemplazo en el Madrid, siguiera en el banquillo blanco. Y pasó lo que ocurre estos últimos años. El Barça juega al fútbol y el Real Madrid persigue sombras. O lo que es lo mismo España disfrutó y Portugal defendió hasta que
Villa encontró la portería. El Guaje es un ‘7’ con todo un equipo detrás. Hay otros que todavía no se han enterado, por más que acumulen fracasos, que esto todavía sigue siendo un deporte de equipo.