Mucho ojo con la Alemania de Löw que se encontrará la Selección Española este miércoles en las semifinales. No es, ni por asomo, la misma de la final de la Eurocopa de 2008. Los tópicos alemanes: hermetismo, poderío físico y tácticamente perfectos son, más allá de características antropológicas, un estilo de juego. Un estilo que ha mejorado, inexorablemente, con la baja de Ballack; ha permitido la entrada de Özil, un futbolista desconocido pero que se ha erigido como la sensación mundialista y que representa una nueva característica alemana: el amor por el fútbol de toque.
Además de Özil, un jugador muy parecido técnicamente al grancanario Silva –apunta como titular para la semifinal en detrimento de Fernando Torres, ¡por fin!–, destaca, por su atrevimiento y frescura, Müller. Para gracia española no podrá disputar la semifinal: todo un alivio por la fuerza e inteligencia que imprime al juego alemán. Junto a ellos, en la línea del medio del campo, estarán Podoslki y Schweingsteiger, quizás los jugadores más regulares y más en forma del conjunto teutón. La españolización de Alemania asusta: el miércoles se verá un partido de tú a tú entre dos escuadras espectaculares que apuestan por el juego de combinación.
Una de las claves para el equipo de Del Bosque será frenar la creatividad de Özil. Sin Müller, tanto Busquets como Xabi Alonso podrán centrarse en ‘destruir’ al teutón. Depende de él, en demasía, un productivo Klose, capaz de hacer maravillas con media oportunidad. Cerrar también las incursiones de Schweingsteiger será crucial: si España controla el partido, ese riesgo disminuye. En cambio, si entra en un encuentro de ida y vuelta los alemanes tienen más opciones de llevarse el gato al agua.
Pase lo que pase, y no es por buscar posibles excusas previas, ganará el fútbol. Es una final anticipada en toda regla. Y que conste, teniendo a Villa, Iniesta y a Xavi, aunque nos encontremos a la mejor Alemania de las últimas décadas, tenemos bastante ganado. ¡Todos con la Roja!
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