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Más poder para el pueblo

Más poder para el pueblo

La historia suele dar dictados que la gran mayoría de los seres humanos no siempre entendemos o a los que simplemente no les hacemos caso. Ocurre, que estas lecciones pueden ser recibidas al derecho a o al revés, dependiendo del alumno. Desde que Hitler dijo aquello de "La democracia se destruye con las armas de la democracia", ha pasado mucha agua debajo del puente. El sabía bien de lo que hablaba, porque supo aprovecharse de las debilidades que le ofrecía el sistema democrático alemán de aquel entonces, convirtiéndolas en oportunidades para alcanzar el poder. Una vez en él, lo que le ofreció a los alemanes fue más que una revancha, recuperar el poder que la nación alemana, representada en el pueblo alemán, había perdido en la I Guerra Mundial, para después convertirla en la cima del mundo.

Pero Hitler no fue el único en aprender de la historia como utilizar el sistema democrático en beneficio propio. En el mundo sobran los ejemplos de quienes usaron la democracia como una palanca para elevarse hacia el poder y después manipularla. El caso de Chávez en nuestro país es uno de los más recientes. Todos recordamos cómo después de fracasar en el golpe de Estado del 92 utilizó el camino democrático de las elecciones para ser Presidente y luego cambiarnos la Constitución del 61 por la actual del 99, lo que en la práctica le permitió acceder a dos mandatos seguidos de 6 años cada uno; mucho más del periodo presidencial de 5 años para el que originalmente había sido votado. Lo que siguió ya lo conocemos pues aún forma parte de nuestro presente.

Ofrecerle más poder al pueblo parece el tema de un viejo debate académico en el que aún se discuten las deficiencias y desventajas de la democracia indirecta contra las cualidades de la democracia directa, de imposible ejercicio en el estado moderno. De la democracia representativa versus la democracia participativa. Pero cuando forma parte de la agenda política de un gobierno como el de Chávez, que le da al asunto un cariz retaliativo, al prometer devolverle al pueblo el poder que le quitó la oligarquía, es forzoso concluir que se trata de otra manipulación del sistema. De una forma de demagogia más. Por lo que habría que preguntarse ¿no tiene acaso el pueblo en la actualidad el poder suficiente como para elegir al Presidente, a los gobernadores, a los diputados, a los alcaldes y a los concejales? ¿No existe acaso la figura del referéndum popular desde el año 97, para consultar al pueblo en determinadas materias? ¿No participa el pueblo en loas cabildos abiertos y en el parlamentarismo de calle? Si esto es así ¿para qué entonces unas comunas cuya existencia jurídica queda sujeta al "certificado de registro" que les dé un órgano político como el ministerio de turno? ¿Se buscan con las comunas, formas de gobierno local sustitutivas que discriminen a la oposición?

No es mera casualidad que a Chávez, desde que fue reelecto en el 2006 para un último periodo, la Constitución, por más bolivariana que sea, ya no le sirve pues cumplió su propósito. Por eso, su reforma o su inaplicación, con la invención de instituciones o formas de gobierno paralelas que sustituyan a las actualmente contempladas por la propia constitución, son una temática constante en la agenda presidencial desde aquel momento. Recordemos que fue precisamente a partir de allí, que las comunas se hicieron presentes en su discurso, al igual que la propiedad socialista, la contraloría social, y que, en general, el denominado "proceso revolucionario" se haya acentuado.

En una de sus intervenciones por televisión hace unos días, Chávez dijo que lo de él era el socialismo, la democracia, no el comunismo. Solo cabría preguntarse, con qué Constitución y con cuáles instituciones.

 

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