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¿Y las mujeres afganas, qué?

¿Y las mujeres afganas, qué?

   Hace unos días, nuestro ministro de Exteriores, Miguel Angel Moratinos, era más que bien recibido en Afganistán, lo mismo que ahora lo ha sido la jefa de las relaciones exteriores de Estados Unidos, Hillary Clinton, que ha participado en la Conferencia de Kabul.

   Parece que el principal resultado de la Conferencia es la pretensión de Hamid Karzai de que su país se libre de la tutela internacional como muy tarde en el 2014. Eso sí, después, lo mismo que ahora y que antes, Afganistán continuará recibiendo grandes cantidades de dinero de ayuda internacional.

   Verán yo me pregunto qué hacemos en Afganistán. Y me lo pregunto porque no creo que hoy en Afganistán las cosas hayan mejorado por la presencia de las tropas internacionales ni tampoco por la ayuda económica enviada. Afganistán continua siendo lo que era y, lo que es peor, los talibanes cada día se imponen un poco más, sobre todo porque el presidente Kardazi les da cuerda.

   Sí, ya sé que en la Conferencia de Kabul se ha hecho hincapié en la necesidad de respetar las costumbres y las tradiciones de los afganos pero digo yo que hay costumbres y tradiciones que Occidente no debería de subvencionar. Y es que pienso en la situación de las mujeres afganas que continua siendo la que era. Es decir, continúan siendo objetos, ni siquiera ciudadanas. Pero su situación puede aún empeorar más si el presidente Kardazi, con la complacencia de Occidente, continua su política de manos tendidas a los talibanes.

Siempre he pensado que esa animadversión hacia las mujeres es el reflejo de una anomalía. Los talibanes odian a las mujeres hasta el punto de condenarlas a vivir encerradas en el burka, a no permitirlas acceder a la educación, a vivir recluidas en el ámbito familiar, a ser poco menos que nada. Según avanza la política de acuerdos de Kardazi y los talibanes así se dan pasos atrás para la causa de la mujer. Pero nadie dice nada o casi nada.

   Hillary Clinton le ha pedido a Kardazi que tenga en cuenta a las mujeres, pero es una ingenuidad pensar que Kardazi va a sacrificar su política de mano tendida a los talibanes a cuenta de las mujeres. Por eso, aunque los representantes de los países occidentales se muestren satisfechos por la Conferencia de Kabul, creo que no hay motivos para que se sientan satisfechos. En Afganistán brillan por su ausencia el respeto a los más elementales derechos humanos, y las mujeres continúan sin ser consideradas ciudadanas en pie de igualdad a los hombres.

   Pero los asistentes a la cumbre han pasado de puntillas por estos aspectos y se han conformado con sonreír en la foto con el presidente Kardazi. Sí, continuarán ayudando a Afganistán, pero obviando que allí no se respetan los derechos humanos y menos aún los de las mujeres.
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