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La España del ‘ordeno y mando’

La España del ‘ordeno y mando’

Una ministra que –lamento decirlo, porque siento gran aprecio personal por ella—jamás debió haberlo sido animó a la delación en los casos en los que se incumpla la nueva ley antihumos, cuya entrada en vigor esta semana tanto ha dado que hablar. Ignora doña Leire Pajín las reacciones que en este país nuestro, donde todos llevan en su ánima un uniforme de policía, pero también un potencial anarquista, puede suscitar esta incitación al chivateo. Y claro: las bondades de la ley antitabaco han nacido lastradas por esa llamada a la guerra santa contra el fumador infractor.
 
Tampoco es la primera vez: el director general de Tráfico, que tiene componentes visionarios, de talibán laico y alma de ONG a la fuerza, también animó recientemente a los conductores a denunciar a los infractores. No sabía don Pere Navarro dónde se metía y, afortunadamente, parece que la iniciativa ha caído en el olvido (¿o no?).
 
Y los hasta ahora mencionados ni siquiera son los únicos ejemplos en un país cuya televisión ‘oficial’, sufragada por todos, ha decidido, por su cuenta y riesgo, y sin encomendarse ni a Dios ni al diablo, suprimir las corridas de toros. O en el que hubo una época no lejana en la que se pretendió suprimir por real decreto la hamburguesa de la (malsana) dieta de los españoles. Todo sea por la salud, física y moral, de los ciudadanos de este país, convertidos de pronto en súbditos gracias al celo de nuestras autoridades en pro de nuestro bienestar. Todo por el pueblo, pero mejor no contar con el pueblo.
 
¿Se ha perdido aquel talante con el que los nuevos gobernantes llegaron a La Moncloa allá por 2004? No diría yo tanto, pero sí tengo que decir que hay ámbitos en el equipo del Gobierno y en la dirección del partido en el poder –ya he hablado de las ocasionalmente gloriosas intervenciones de la titular de Sanidad y, sobre todo, de Igualdad—empeñados en enviarnos un mensaje algo histriónico, bastante antipático y un tanto despectivo hacia la inteligencia de los electores, que son ciudadanos y contribuyentes. Da igual que Zapatero mantenga imperturbable, porque la procesión va por dentro, su magnética y misteriosa sonrisa giocondesca; una intervención de Leire Pajín, cuando está en su apogeo, hace más por el triunfo electoral de la oposición que cien errores del presidente y su entorno. ¿Quién era aquel que dijo que ‘para conocer a una persona, basta con darle poder’?
 
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