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Opinión: Julia Navarro

Lo malo conocido

Lo malo conocido

Me sorprende la actitud cautelosa de nuestro país y de la UE respecto a lo que está sucediendo en Túnez. La verdad, no lo entiendo. Y no lo entiendo porque lo que está sucediendo en Túnez es ni más ni menos que la expresión del hartazgo de un pueblo contra la dominación de un satrapa.

   Cualquiera que conozca Túnez sabe que es un país donde existe una cierta clase media, bien preparada, con la mirada puesta en Occidente, y defensora de valores que nos son tan preciosos como la democracia y la libertad.

   El que el dictador Ben Ali haya tenido que dejar el poder es una buena noticia que, sin embargo, no celebran los países occidentales, ya digo atenazados por una excesiva cautela.

   Sin embargo, los sucesos de Túnez están abriendo paso a un efecto contagio en países como Argelia, Marruecos o Jordania donde también hay una clase media harta de vivir bajo regímenes dictatoriales aunque algunos tengan apariencia de democracia, pero, sobre todo, hartos de la corrupción de estos regímenes donde los que mandan creen que el país es su finca particular.

   El gran problema de los países situados en la "otra" orilla del Mediterráneo es precisamente ese, la corrupción y la falta de libertad, unido a la crisis económica que se ceba especialmente entre los más jóvenes que ven que carecen de futuro.

   En Túnez se ha sublevado la sociedad civil y lo ha hecho pacíficamente, harta de estar bajo la bota del ya ex presidente Ben Alí y de su familia. Y ahora lo importante es que los países e instituciones de la UE ayuden a los tunecinos en su camino hacia la democracia.

   El peligro que corre Túnez es que los sectores islamistas encuentren eco en medio de la confusión para hacerse con el santo y seña de esta revolución civil.

   La política exterior suele estar plagada de hipocresía como bien hemos podido comprobar en los papeles de Wikileaks, y hasta ahora los mandatarios occidentales estaban la mar de contentos con Ben Ali. Sabían que era un satrapa, pero les garantizaba estabilidad en la zona, y por eso poco les importaba que Túnez no sea una democracia y la corrupción resultara insoportable.

   Seguramente tanta cautela por parte de Estados Unidos y de la Unión Europea se debe a que les inquieta el cambio que se puede operar en Túnez. Parece que prefieren lo malo conocido que lo bueno por conocer, de ahí esa actitud remisa ante esa revolución civil que lo único que pretende es vivir en democracia.

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