domingo 23 de enero de 2011, 21:52h
Última actualización: martes 08 de febrero de 2011, 10:28h
Hemos visto volver a Luz Casal a los escenarios. Nos ha mostrado que se puede regresar al futuro, y por segunda vez. No es cine, es la realidad. Se puede recuperar un nuevo tramo de vida después de haber sentido que la enfermedad te llevaba al final del camino.
Más delgada, con ese corte de pelo que identifica a las que acaban de dejar atrás la quimioterapia, Luz Casal es la imagen de la mujer que ha vencido al cáncer. Un cáncer, el de mama, que afortunadamente ofrece cada vez más posibilidades de curación. Aunque, al mismo tiempo, también alcanza a más gente. Las últimas cifras, que hablan de una de cada ocho mujeres afectadas, sobrecogen.
Nos estamos acostumbrando a convivir con el cáncer, a escuchar esta palabra que no hace mucho sólo evocaba muerte, y que ahora nos permite muchas veces pensar en curación.
Para los que lo padecen, sigue costando mucho aceptar el diagnóstico. Cuando llega, la vida se detiene, y, por supervivencia, intentas sentarte en una butaca y verla pasar en la pantalla.
Es duro pensar que ese octavo pasajero, ese alien que no sabemos exactamente cómo entra en nuestra galaxia, ha plantado su semilla dentro de nosotros. El terror de saberlo en nuestro interior, pero no poder contemplar su cara y sus dimensiones, su fuerza destructiva, nos paraliza.
Son unos momentos en los que la cercanía de los que nos quieren se hace más necesaria que nunca. Ellos nos ofrecen el aceite de la vida, ese elixir de cariño destilado sin intervención médica, y que se convierte en el mejor remedio.
A la vez, claro, hay que pasar el trago de los hospitales, y los tratamientos agresivos. Muchos días de “abducciones”, quietos, colocados en posturas imposibles, amenazados por máquinas que parecen sacadas de un expediente X. No es ciencia ficción, son terapias reales, duras, pero eficaces. Se sienten en la carne, te debilitan,…, aunque a la vez te hacen soñar con un otoño en Nueva York, o en cualquier otro lugar, con Richard Gere, o cualquier otro galán más de andar por casa, a tu lado, y eso sí, un final feliz en el que la chica, al acabar la película, se levanta de la butaca, y anda a sus anchas por un largo camino de vida nueva, un regreso al futuro, I ,o hasta II, como el de Luz Casal.
Begoña de Luis. Periodista.