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Trigo

Trigo

Hemos vivido, en la semana que pasó, un nuevo episodio del prolongado conflicto entre el gobierno de la Presidenta Cristina y los productores agropecuarios.

La discusión actual, sin embargo, carece de la potencia y el sex appeal de la ocurrida en el primer semestre del 2008, y que catapultó a la fama al actual Vicepresidente Cobos, con su ya célebre voto “no positivo”.

Aquélla discusión involucraba un problema de plata entre un gobierno que pretendía incrementar su participación en los supuestos ingresos extraordinarios de los productores de soja, y agricultores que se resistían a pagar esos mayores impuestos, bajo el argumento, razonable, de que el gobierno sólo veía una parte del  balance, los ingresos, pero no veía la otra, los costos y que, en términos netos, los ingresos extraordinarios no eran tales.

A esa protesta contra la voracidad fiscal hacia una parte importante del sector agrícola, se le fueron sumando otros grupos de la sociedad, que simpatizaron con la “causa sojera”, quizás por la convicción que transmitieron los voceros de la misma. Quizás, por la virulencia y lo irrazonable de la respuesta oficial. Quizás, por las consecuencias directas sobre el nivel de actividad general que significó  la continuación del conflicto, y la idea clara que el único que podía solucionarlo era el gobierno, corrigiendo su medida.

Resulta curioso que posteriores muestras de esa voracidad fiscal como la expropiación de los fondos de pensión, por ejemplo, no hayan tenido el mismo tipo de respuesta pública.

 Es probable que la ausencia de voceros creíbles y convincentes, o que la percepción de que se trataba de “plata futura”, pero no presente. O el apoyo de la mayoría de los políticos a dicha medida, haya creado, en la opinión pública, la visión de que el intento de sacarles más ingresos a los productores de soja era “malo”, mientras que el quitarle los ahorros a los futuros jubilados, y convertir aportes de los trabajadores para una cuenta personal, en un impuesto, era “bueno”

Resulta curioso, además, el tenor de la discusión actual.

Obviamente, también es por plata. Pero no es por plata que se les saca  a los productores y  va a parar al gobierno, si no que es por plata que no reciben los productores y se la quedan los exportadores, los fabricantes de harina y, en una proporción muy pequeña, los consumidores de productos fabricados con harina.

Dicho de otra manera, el gobierno no sólo ha impuesto retenciones a los precios de exportación de trigo, (que reducen el precio que recibe el productor, por su cosecha, y aumentan los recursos públicos), lo que es común, en mayor o menor medida, a casi todos los productos que la Argentina exporta, si no que, al prohibir la libre comercialización externa del trigo que no se utiliza en el mercado interno, hace que los productores reciban un precio aún menor al precio de exportación, descontadas las retenciones.

Un precio que surge de un mercado interno con “sobre oferta” de trigo, dado que la demanda externa, por las restricciones comentadas, resulta inferior a la que surgiría en un mercado libre, para ese excedente que no se consume en el país.

En este caso, los agricultores no están protestando contra la voracidad fiscal, como en el caso de la soja, si no que están protestando contra una particular redistribución de parte de los ingresos que les corresponden a ellos, y que hoy van a parar, sin entenderse muy bien por qué, al bolsillo de los exportadores, molineros e, insisto, en una proporción muy pequeña, de los consumidores.

No hice la cuenta, pero estoy seguro que se podría mantener el precio interno de la harina, si ese es el objetivo final y, simultáneamente, incrementar los ingresos de los productores, sin costos para el Estado, aumentando en forma mínima las retenciones y eliminando las actuales restricciones al comercio de trigo, redistribuyendo, a favor de los productores, sólo el dinero que hoy perciben de más exportadores y molineros, y no el de los consumidores.

¿Por qué, entonces, el gobierno insiste en este camino, en lugar de reconocer el error y corregirlo? Sinceramente, lo ignoro.

Probablemente considere que, habiendo perdido, irremediablemente, los votos del campo, puede despertar cierta simpatía entre los votantes “progre”, enfrentarse a los “piquetes de la abundancia”, aunque, en la práctica, lo único que se hace es favorecer a multinacionales exportadoras o empresas molineras

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