¿En dónde están las falencias?
miércoles 02 de febrero de 2011, 16:09h
Actualizado: 24 de febrero de 2011, 17:39h
Parecería que todo esfuerzo es vano cuando de seguridad se trata. El pesimismo aflora cuando, pese a las extremas medidas impuestas en la cárcel de máxima seguridad de Guayaquil, los problemas con los internos se mantienen.
Por su fama de inexpugnable, ha sido denominada La Roca, en alusión a la prisión de la isla de Alcatraz, en la bahía de San Francisco, en Estados Unidos.
Empero, los acontecimientos ocurridos en tan poco tiempo de funcionamiento del tan esperado presidio dejan serias dudas sobre la eficiencia del sistema.
El sábado anterior se encendieron nuevamente las alarmas por un intento de asesinato al interior del reclusorio, que fue controlado con la oportuna intervención de los grupos policiales de élite. Llama la atención, sin embargo, el uso de armas de fuego, equipos de telefonía celular, entre otros artefactos prohibidos a los internos. Pero antes de que las autoridades reporten sobre el incidente, familiares de los reos ya estaban presentes en el lugar. ¿Cómo lograron comunicarse con tanta rapidez?
La inauguración del reclusorio a finales de julio de 2010 -primero en el país con características de alta seguridad- trajo inusitada expectativa, que en poco tiempo se ha desvanecido. A escasos dos meses de funcionamiento (primeros días de octubre) ya se perpetró el primer intento de fuga masiva. Al más puro estilo de Hollywood, con explosiones y disparos, equipos de apoyo desde el exterior, transmisiones telefónicas, y mucho más. Cuatro meses después vuelve a ser noticia. No por las acciones violentas que se generan en la disputa por la hegemonía de espacios, o por saldar cuentas que arrastran por sus ilícitas actividades que los condujeron allá, sino por cómo logran ingresar armas y teléfonos. El gran dilema es: ¿cómo burlan los filtros de seguridad que supuestamente poseen tecnología de punta? Ese es el asunto, y hacia allá deben apuntar las investigaciones para encontrar las falencias en la edificación, en el sistema que se aplica o, lamentablemente, en el personal a cargo.
Si no se puede confiar en la justicia (un juez de la Niñez y Adolescencia de Pichincha ordenó que a Óscar Caranqui -reo considerado de alta peligrosidad- lo devuelvan al ex penal García Moreno), el último pendón que nos queda es la incorruptibilidad de los grupos especializados de la Policía. Y si ellos nos fallan, ya no sabremos a quién acudir, por lo que este suceso debe ser esclarecido. Los responsables y cómplices deben ser sancionados ejemplarizadoramente para recuperar el prestigio institucional.