ETA, las víctimas y el Rey de Cañas
jueves 31 de marzo de 2011, 13:41h
Diálogo con ETA. No es un problema hablar con ETA, sino de qué se ha hablado. Y cuándo. En un país maduro hasta se acepta que se haga con dos muertos y un aeropuerto volado en la víspera, aunque el sapo no sea fácil de digerir. Pero en ese mismo país nunca se admitiría que, ni antes ni después de la explosión, se discutiera sobre nada que no fuera el abandono de las armas, la política penitenciaria y la vuelta a las instituciones de las siglas franquiciadas para que las urnas, y sólo las urnas, las pusieran en su sitio. En otras palabras: para alcanzar cualquier paz, no había hecho falta esperar 30 años y más de mil muertos.
Sobremesa con ETA. La comunicación de crisis impone siempre rapidez en la primera respuesta. El Gobierno ha tardado casi 48 horas en decir que los papeles de ETA son una mentira, pero a renglón seguido ha salido su delegado en Euskadi, ese kamikaze apellidado Eguiguren, para reconocer que preparó una nueva hoja de ruta con Josu Ternera. El consenso, como el apoyo, son medios para defender un fin; pero el Gobierno los transforma en un fin en sí mismo casi tautológico y no necesitado de contenido ni precisiones: hay que apoyar y consensuar por sistema, en esto del terrorismo, aunque nosotros mismos no sepamos qué pensamos ni qué decimos del todo.
El antipatriotismo español. Un antipatriota, en estos tiempos, es alguien que anunció una crisis terrible o temió un diálogo vergonzoso con ETA y que, al cumplirse los peores presagios; es tildado de mayor antipatriota aún por los mismos que lo antes lo habían negado.
Un brindis. Pese a todo, a Rubalcaba y a Zapatero hay que apoyarles, darles la razón y desde luego cerrar pronto la polémica. Aunque sea una mentira decir que los papeles de ETA son una mentira, es nuestra mentira. La que nos interesa y viene bien, al menos hasta que se concrete definitivamente si Batasuna se presenta o no las Elecciones: si lo hace tras enseñar el MacGuffin de Sortu para colarse en pantalla con Eusko Alkartasuna, será difícil no creer del todo a nuestros propios ojos.
Otro brindis. Algún día estaría bien acabar, en todo caso, con la doble especie de que, en cuestiones de terrorismo, hay que estar sin más con el Gobierno y hay que entender en todo a las víctimas. Depende de lo que hagan: si el Gobierno utiliza sus funciones como un pavo real -o un faisán- en periodo amatorio, puede y debe tratársele a perdigonazos. Y si las víctimas, amén de solidaridad, hombro, apoyo y ayuda; se creen con el derecho a dirigir la política de Interior; no pasa nada por mandarlas a paseo.
La normalidad vasca. Los vascos cierran el debate: se irían de cañas con el Rey antes que con su lehendakari. Ni Santiago Segura ni el mismísimo Rafa Nadal superan al monarca como compañero de zuritos. Hay estudios que dejan muy bien a los encuestados y algo peor a los encuestables : entre un Rey Sol y un Rey Sol y Sombra, tal vez podría existir un Rey normal que pudiera hablar de algo para que se pueda hablar de él. Ahora sólo lo hacen la Mahou y los devotos del botellín.
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