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Pasaba por aquí: Los inventores

Pasaba por aquí: Los inventores

lunes 02 de mayo de 2011, 21:19h
Actualizado: 03 de mayo de 2011, 00:03h
“El que no inventa, no vive”. Frase elevada a todas las primeras páginas y pronunciada por Ana Mª Matute, excelente escritora y flamante Premio Cervantes 2010. Cierto es que si no soñamos, nos trascendemos, imaginamos y damos  sentido a quienes somos y lo que hacemos, esta vida sería bastante insufrible. Admitimos la invención, no ya como animal de compañía, sino como capacidad innegablemente humana para ser algo más de quienes somos en el día a día. Procuramos alejarnos de las miserias y, a ratos, hasta creemos que el mundo es un lugar que podemos mejorar tacita a tacita. Esa capacidad de invención está, por supuesto, vedada a los periodistas; estirpe de gente obligada a aferrarse a la realidad para contarla, o a las realidades, que hay muchas y con variadas facetas. Los datos no se pueden inventar, pero qué fácil es inventar las razones, las causas, las consecuencias. Los analistas políticos saben mucho de esto. Yo no. Yo sólo procuro leer mucho, escuchar mucho y, a resultas de lo que leo y escucho, observo y reflexiono, intento sacar alguna que otra conclusión. Pocas, porque la misma palabra “conclusión” me suena a final definitivo y no me gustan los finales definitivos. Manías. Leo en esta página digital pero llena de palabras más sólidas que muchas impresas, las reflexiones de otro articulista (y amigo) sobre esa capacidad (espero que no innata) de la “clase” política para presionar, llenarse la boca con la libertad de expresión y luego vomitarla rápidamente cuando la expresión dicha o leída se les atraganta como sapo cancionero que canta las verdades del barquero. Todos deberíamos aspirar a un mundo ideal. Un mundo más justo, más decente, más sabio, mejor. Y para que capitaneen a esas huestes ansiosas de paz, bienestar y sabiduría solemos confiar nuestro voto a políticos que aseguran querer sólo el bien común, la defensa de nuestros intereses ciudadanos y blablabla. Eso. Me quedo con el blablabla con el que se les llena la boca, para luego escupir el sapo atragantado y, a ser posible, en el rostro del periodista que ha dicho o escrito lo que no les gustaba oír ni leer. Debería darles vergüenza, pero no se la da. Deberían mirarse hacia adentro, hacia donde (acaso hace mucho tiempo) guardaban las ilusiones, los grandes proyectos, esos inventos destinados a mejorar la vida de los pacíficos ciudadanos. Resulta que, en algún lugar indeterminado del ascenso en la escalera del poder, han comprendido que prefieren inventarse su propia realidad, pero es tan mezquina que asusta. Es tan triste que da pena. Hay políticos, demasiados para mi gusto, que sólo aspiran a que les dejen como están, a que les dejemos como están más bien. Mirándose al ombligo y sin que nadie venga y les recite las verdades. Cómo duelen las verdades, qué duro resulta escucharlas, aprender a rectificar y hacer bien su trabajo. Inventen, señores políticos, inventen un mundo mejor. Tan complicado y tan fácil. Para eso les votamos. No para que intenten amordazar al mensajero, meter miedo en el cuerpo y callar a quienes dicen lo que no quieren escuchar. Inventamos, ergo vivimos. Escribimos, ergo somos libres. Ana Ruiz Echauri. Periodista.
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