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Zapatero, el islandés

Zapatero, el islandés

Debo confesar que me aterra escuchar las opiniones de algunos oyentes en las radios, o ver los mensajes que determinados telespectadores envían por SMS para complementar tertulias televisivas: la ciudadanía está muy harta, ya se ve, de las cosas que hace la clase política y, en consecuencia, los más radicales lanzan mensajes que debo decir que me parecen cuando menos injustos y hasta poco reflexivos, por decir lo menos. A Zapatero, según escuché ayer en algunas radios, deberían, como al ex primer ministro islandés, llevarle ante los tribunales por su mala gestión en la crisis. Las cosas se fueron calentando y de ahí se pasó a que habría que procesar a la mayor parte de los políticos, que seguro, dijo alguien, que cometen todo tipo de delitos. Y de ahí... Siempre he pensado que las carencias más importantes que padecemos los españoles –yo, el primero, conste-- residen en la falta del sentido de la tolerancia y de esa moderación a la hora de emitir juicios que han hecho famosa la flema británica. Hay un evidente estado de cabreo en el cuerpo social español, pero ello no debe justificar ni el apaleamiento por principio del político ni la ‘pena infamante’ que en este país nuestro recae sobre todo aquel cuyo rostro se hace más o menos famoso. Tengo la impresión de que ni el señor Gemir H.Haarde, ex primer ministro conservador islandés, merece ir a la cárcel por su presunta o real negligencia en la conducción de los asuntos públicos en tiempos de crisis ni, mucho menos, lo merece Zapatero, que, con mayor o menor acierto, está poniendo toda la carne en el asador buscando sacar a los españoles de un atolladero que ha sido internacional, aunque aquí haya sido más. Creo que Zapatero, lo mismo, parece, que Haarde, se ha equivocado mucho; pero, desde luego, ni ha cometido ilícito penal alguno ni creo que nadie pueda acusarle de haberse aprovechado del cargo en beneficio propio. Y, me temo que en mi personal búsqueda de impopularidad, voy a decir algo más: la mayor parte de los políticos españoles son honrados y no merecen siquiera que alguien insinúe que deberían ser investigados por los tribunales. Algo descuidados cuando de la vigilancia de los bienes colectivos se trata, tal vez; puede que manirrotos. Quién sabe si algunos de ellos poco escrupulosos. Faltos de estética política y, si no, véase lo que está ocurriendo en Castilla-La Mancha. Pero los corruptos, esos a los que hay que denunciar y castigar, son los menos. Generalizar es peligroso e injusto. Y no puedo olvidar la respuesta que dio Churchill a quien le preguntó qué le parecían los franceses: “no sé, no los conozco a todos”, dijo. Pues eso: ¿conocemos a algún islandés, siquiera a uno?
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