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Último fin de semana antes de la 'era Mas'

Último fin de semana antes de la 'era Mas'

Para mí no hay demasiadas dudas: Artur Mas será el president de la Generalitat catalana. No parece una predicción demasiado arriesgada, por lo demás. Así que vayamos un paso más allá: lo será gobernando en coalición con los socialistas, que serán los segundos más votados pese a que tienen al frente un candidato poco o nada entusiasmante. Y aún más: el PSC colocará al 'conseller en cap', que no será Montilla (¿tal vez Antoni Castells?). Y, atreviéndome a mirar todavía más lejos, diría que habrá ministros del nacionalismo catalán en el Gobierno central, cosa que ya quiso hacer Aznar y que jamás pudo lograrse por la negativa de Jordi Pujol.

Ahora tal negativa no existe, y estoy en condiciones de asegurar que el tema 'ministros catalanes en Madrid' se ha hablado entre Zapatero y Mas, y no solamente en aquella famosa reunión (semi)clandestina en La Moncloa, hace ocho meses, sino en varias conversaciones telefónicas de carácter aún más reservado. Así que el eterno candidato a coche ministerial, Josep Antoni Duran i Lleida, está más cerca que nunca de consumar lo que antes se intentó y no pudo ser. Así, Mas se quita de encima una presencia tan incómoda como la del líder de Unió, Zapatero se asegura el apoyo de CiU en el Congreso de los Diputados para lo que queda de Legislatura y el resto de los españoles nos aseguramos de que el tono reivindicativo del nacionalismo catalán bajará bastantes decibelios. De paso, Esquerra Republicana se queda en la oposición, "que es donde debe estar" (dicen incluso en la sede de Convergencia), y Pasqual Maragall pasa, para alivio de no pocos, a la Historia. Lo mismo que el Govern tripartito de infausta memoria.

Todo ello, suponiendo, claro, que el pacto nunca escrito, pero sí verbalmente ratificado, entre Zapatero y Mas se cumpla. Un pacto que todo el mundo sabe que existe, pero del que, en la bastante civilizada y más bien tímida (sí, pese a vídeos, deuvedes y utilización de condones para lanzar mensajes desatinados) campaña electoral catalana nada o casi nada se ha dicho. Tal vez por eso, la campaña no ha logrado calar en la ciudadanía: todos intuyen que hay algo de tongo, todos imaginan lo que va a ocurrir, por mucha diversión que se introduzca hablando de combinaciones y alianzas imposibles o, al menos, altamente improbables. Es de temer que la abstención, así las cosas, vaya a ser alta.

Para que todo este proceso se concrete, desde luego ya digo que habrá de cumplirse lo hablado a dos entre los dos que más pueden hablar del futuro en Cataluña (no, Montilla es apenas el instrumento de Zapatero, y casi ni se molesta en disimularlo). Hay quienes, en Convergencia, temen que el presidente del Gobierno central no respete sus compromisos, y citan pasadas experiencias de 'infidelidad'. Y no faltan aquellos que aluden a las ya famosas 'improvisaciones' de Zapatero, de las que estos días estamos viendo no pocos ejemplos, especialmente en lo que se refiere a la marcha del proceso de paz con(tra) ETA.

¿Improvisará el mago ZP algún nuevo truco que signifique otro giro en Cataluña? Yo diría que, llegados hasta aquí, parece improbable, entre otras cosas porque, aunque muchos no lo compartan, la 'solución' al que se llamó 'problema catalán' no ha sido del todo mala. Al menos, a corto plazo, que es el plazo que se fija siempre Zapatero.
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