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Hechos y palabra; no palabras

Hechos y palabra; no palabras

Coordinador parlamentario del PSC

¿Puede tener algún interés un artículo firmado por un diputado en la recta final de una campaña electoral? Sinceramente, nosotros no nos hacemos muchas ilusiones...No obstante, no podemos eludir la obligación de hacer tres o cuatro afirmaciones, que usted tal vez considerará previsibles, pero que nosotros creemos necesarias y –lo que es más importante- radicalmente ciertas desde nuestro parcial y discutible punto de vista.

Las elecciones al Parlamento de Cataluña del próximo miércoles,1 de noviembre, se producen en un momento en el que la sociedad catalana ha de afrontar una doble encrucijada: por un lado la que se deriva de la necesidad de desplegar y aplicar el nuevo Estatut; por otro, la que nace del desafío –compartido con el conjunto de España y la Unión Europea- de hacer viable un modelo exitoso de crecimiento económico y cohesión social.

El despliegue del Estatut –cuyos contenidos para el PP suponían el inicio del fin de España, para dejar de serlo en cuanto aparecieron en los Estatutos de la Comunidad Valenciana o las Illes Balears- requiere una orientación clara que lo ponga al servicio de los ciudadanos de Cataluña, evitando repetir alguno de los estériles debates identitarios vividos a lo largo y ancho del debate estatutario.

La candidatura socialista encabezada por José Montilla está comprometida con esta orientación. Con el nuevo Estatut aprobado, de lo que se trata es de centrar su aplicación en los catalanes y catalanas, sin los cuales Cataluña carece de sentido: en sus necesidades, en sus anhelos, en sus problemas, inquietudes y esperanzas.

Pero, tan relevante como la orientación lo es el método. Y el próximo miércoles escogeremos entre un presidente catalanista que defenderá los intereses de Cataluña con firmeza y rigor, a través del diálogo, el entendimiento y la sintonía con el Gobierno de Rodríguez Zapatero (Montilla), o un presidente nacionalista que no podrá evitar la búsqueda de tensiones y conflictos con el Gobierno de España para afianzar su liderazgo personal entre su parroquia frente a ERC (Mas). Un nacionalismo, el de CiU –y esto es justo reconocerlo- capaz de defender una visión patrimonialista del país, aliñada con soberanismo y concierto económico en Cataluña, y hacer de regionalistas moderados en Madrid, tiernamente halagados por poder compartir –como así lo hizo Artur Mas- animadas veladas familiares en Doñana con Rajoy.

La economía catalana vive un buen momento en el marco de la evolución positiva de la economía española. La previsión del crecimiento para el 2006 acaba de ser aumentada del 3,3%, al 3,6% por el Consejero de Economía y Finanzas, Antoni Castells. Y lo que todavía es más relevante, los últimos datos apuntan que la economía catalana avanza hacia un modelo de crecimiento más saludable, en el que reduce su peso la demanda interna y se incrementa el peso del sector exterior.

Con unas economías de la zona euro que empiezan a recuperarse, la economía catalana, substancialmente orientada a la exportación, entra en una fase todavía más positiva que ha de ser aprovechada para mejorar sus niveles de competitividad –inversión en formación, infraestructuras y I+D+i- y para mejorar cuantitativa y cualitativamente un estado del bienestar que ha de dar respuesta a nuevas necesidades que la propia marcha de la economía genera.

También en esta segunda encrucijada planteada los catalanes escogeremos entre un presidente progresista (Montilla) que aspira a una economía competitiva como fundamento del fortalecimiento de nuestro estado del bienestar, y un presidente conservador (Mas) que defiende que el aumento de la competitividad se debe hacer sobre la base del debilitamiento –a través de una borrachera de cheques- de nuestro mejorable estado del bienestar.

Finalmente, también deberemos escoger entre un presidente (Montilla) con una trayectoria jalonada de hechos y realizaciones: transformación de Cornellà de Llobregat, incremento de un 25% anual de los presupuestos orientados a la investigación, el desarrollo y la innovación, aplicación de la inversión en infraestructuras prevista en el Estatut para el 2007...Y un presidente (Mas) de palabras: el DVD del mal estilo de hacer política, carné por puntos para inmigrantes, selecciones catalanas bajo bandera andorrana...Entre un presidente de hechos y palabra (Montilla) y un presidente de palabras que necesitan permanentemente la compañía y credibilidad de un notario de buen corazón (Mas).
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