Desde el gallo de la Almudena: De la indignación a un Gobierno de emergencia nacional
domingo 03 de julio de 2011, 20:56h
Actualizado: 10 de julio de 2011, 23:54h
Esto no da más de sí. España está en la parálisis total, hundiéndose poco a mucho cada vez más. Lo ha dejado claro el reciente Debate sobre el Estado de la Nación.
El pueblo se deshilacha y sólo el movimiento indignado parece tener arresto para algo.
Creo que es bastante fácil entender el 15M que se ha sustanciado como un auténtico poder fáctico.
¿Qué es un poder fáctico, mis queridos amigos? Pues algo tan sencillo como aquel o aquellos que pueden en un momento determinado prefijar las posiciones de un país entero como es el caso de España. Me explico.
El 14M, la cadena SER, fue lo que fue porque pudo movilizar a toda la izquierdona sobre los soberbios argumentos que les ofrecía la pobre actuación del gobierno Aznar cuando desde su prepotencia estulta ofreció al poder al más que pobre Rodríguez Zapatero.
Ahora la historia se repite. ¿Cómo se repite? De la siguiente guisa. El Partido Socialista se debate entre la vida y la muerte y todo lo encomienda al galeno Pérez Rubalcaba que parece el mago de fierabrás y no tiene media hostia.
Pero listo es el cántabro…sin exagerar. En el país de los ciegos (PSOE) el tuerto es rey.
Veamos. El inquietante ministro del Interior –al que la caverna mediática le concede más capacidad de conspiración y maldad de la que realmente tiene- sabe que tiene la batalla y aún la guerra completamente perdida. De modo y manera que habrá que sacarse algún conejo de la chistera. Pues bien, en el horizonte patrio sólo existe como elemento desestabilizador definitorio el 15M. Y lo es porque la derecha arcaica y soplapollesca no ha entendido nada ni siquiera interpretar el mínimo sentimiento de desesperación que inocula todo el proceso revolucionario.
Porque si esa derecha no se hubiera asustado el conjunto de la ciudadanía sabría en esta hora que lo que ahí prendió no es otra cosa que la necesidad. La necesidad a poder sobrevivir; la necesidad a reclamar un puesto de trabajo; la necesidad a vivir como personas; la necesidad, en definitiva, a tener alguna esperanza.
Y no la tienen.
Los regímenes caen porque no saben leer lo evidente. Y lo evidente, mis queridos amigos, es que la actual situación es IN-SOS-TE-NI-BLE. Punto.
Gobierno de emergencia
En este contexto, la alegría de los edecanes de Mariano Rajoy, persona prudente, quizá en exceso, se va a estrellar contra una realidad terrible: no hay agua para todos. Y ahí es donde empezará el llanto y crujir de lágrimas.
He mantenido desde el mismo estallido de la terrible crisis que padecemos que España necesita antes que pronto una gobierno de EMERGENCIA NACIONAL porque la situación es claramente de EMERGENCIA.
La clase política, que existe, no ha sabido ni ha querido encarar esta circunstancia.
¡Allá ellos! Lo que está por venir es mucho más crudo.
No han sabido, ni querido, aplicar la vieja máxima de Lampedusa: cambiar algo para que nada cambie.
Cuando la indignación de la indignación alcance dígitos dramáticos, e incluso trágicos, que no venga a llorar como viejas hueras.
No hay peor ciego que el que no quiere ver.
Y no quieren.
Graciano Palomo. Periodista.