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Se echó el cierre a la campaña: hoy, jornada de reflexión

Zapatero pide para CiU una penitencia de 'otros ocho años' por haber pactado con el PP

Zapatero pide para CiU una penitencia de "otros ocho años" por haber pactado con el PP

· Final apoteósico del presidente del Gobierno en el Palau Blaugrana barcelonés
· El líder de CiU, con "la conciencia tranquila" y seguro de que CiU gobernará
· Rajoy apoyó a Piqué y dijo que el PP es el "verdadero cambio político" en Cataluña

“Mañana ganará el Barça y, pasado, Montilla”. Final apoteósico del presidente Zapatero en el Palau Blaugrana barcelonés en el que el líder socialista echó el resto en un intento de romper la abstención en el bloque progresista y atraerlo hacia la candidatura de José Montilla. Pocas novedades en el mitin-fiesta del PSC, abarrotado de público: no ha habido promesas rutilantes.
Con una imagen muy deportiva -polo de manga larga gris marengo y pantalón negro- que resaltaba con el traje de ejecutivo de José Montilla, el candidato del PSC a la Generalitat de Cataluña, José Luis Rodríguez Zapatero echó el resto en el barcelonista Palau Blaugrana jugando con un discurso izquierdista, radical y muy populista al estilo de Lula, en Brasil, su ‘héroe’ del momento. Ya el inicio del discurso auguraba su tono posterior: “Cuando salga de aquí, esta noche voy a hablar con Lula para darle la felicitación en nombre de todos”, porque ha ganado dos veces en un país como Brasil “con el apoyo mayoritario de los trabajadores”.

En el Palau Blaugrana se ha presentado el Zapatero más ‘sobrado’ –llegó a anunciar su propia victoria en las elecciones generales de 2008-, el del que “si no hubieran ido a votar el 14 de marzo [los abstenciones de izquierda], no hubiéramos podido traer los soldados de Irak y dejarlos en casa”. Un Zapatero que realizó un relato pormenorizado de los ‘logros’ del Gobierno socialista en la Moncloa, gracias a la no abstención de los votantes de izquierda: ley de igualdad, enseñanza, sanidad, ley de dependencia... Y suma y sigue en Cataluña: el nuevo Estatut, el haber devuelto los papeles incautados en la guerra civil, el que el catalán se reconozca en la UE, el que Joan Clos sacara adelante la Carta de Barcelona, el que en 2007 esté el AVE en Barcelona...

En realidad, el discurso de Zapatero estuvo perfectamente planificado y con el tono obrerista que necesitaba este final de campaña. Sin promesas que luego le puedan pasar facturas, pero sí con reiteración de ‘logros’ realizados, de promesas cumplidas –en el Gobierno del Estado, claro- que ‘vender’ que vender al público obrerista y que anteponer a la alta abstención que se presume para el 1-N en el bloque progresista.

Y, desde luego, ‘caña’ a todos: de izquierda a derecha, de nacionalistas a extrema-derechistas, nadie, ni siquiera su ex socio Josep Lluis Carod-Rovira se ha librado del mazo verbal, más ejecutor que nunca, de Rodríguez Zapatero. Ironía de la fina y de la bruta con la “política de integración” que dice el candidato convergente Artur Mas haber hecho y que habría posibilitado –Mas dixit- que un ‘charnego’ como Montilla pueda ser candidato a la Generalitat: “Lo que no les gusta no es que sea [Montilla] de Andalucía o de Córdoba; no, lo que no les gusta es que sea una persona del mundo del trabajo. Que tomen nota todos los trabajadores”. Fácil se lo han puesto a Zapatero para poder anunciar, entre apoteosis de la militancia que ha abarrotado –y es literal- el Palau Blaugrana, que “el PSC es el partido que más se parece a Cataluña, es el partido de todos y para todos, el de Maragall y el de Montilla, el del catalán y el castellano”.

Golpe bajo a Artur Mas, sin duda, con un colofón realmente simpático: atronaron las carcajadas cuando Zapatero dijo que CiU se arrepiente ahora de haber estado ocho años pactando con el PP y Rajoy “y van al notario. Están todo el día haciendo penitencia porque pactaron con el PP. Y yo digo: si estuvieron ocho años, tres de penitencia [los que CiU lleva ya en la oposición] es muy poco, merecen otros ocho”. La Cataluña que representa Mas es la de la “marcha atrás” y “Cataluña no quiere marcha atrás, quiere futuro y avanzar”. Y otro golpe bajo: “A Montilla nadie le ha enchufado, nadie lo ha colocado, se lo ha ganado a pulso”.

Genio e ingenio de Zapatero del que en este mitin final socialista de campaña no se libró ni su ex socio en el tripartit Carod-Rovira, al que Zapatero ha respondido –y pegado- por donde más duele al nacionalista: por la izquierda. El mensaje ha sido claro: “La vieja izquierda y la nueva izquierda está aquí, en el Partido Socialista de Cataluña (...) Y está la izquierda grande, la solidaria, la que une, la que no pone fronteras, sino que la traspasa. Ésa es la gran izquierda, lo otro es pequeña izquierda”. Recordemos que el lema de los catalanistas republicanos es “De izquierdas y nacionalistas”.

Es un intento de Zapatero de que nadie se confunda de voto: que la ‘casa común’ de la izquierda está en el PSC y no en el nacionalismo excluyente. Estas cosas, sin embargo, pueden pasar factura después del 1-N si nadie alcanza la mayoría absoluta.

Y ‘caña’ también a la ‘extrema derecha’ que representa, según él, el Partido Popular. Una ‘extrema derecha’ a la que ha prometido parar en toda España, empezando por Cataluña.

En fin, que tras el progresismo y el ataque, el discurso de Zapatero se centró en resaltar los valores de ‘Pepe Montilla’, una persona “prudente y valiente, un hombre de fiar, y hoy hemos visto que también de palabras”. Y una promesa: “Si gana Montilla, los despachos oficiales de Cataluña se parecerán a los centros de trabajo de Cataluña, porque gobernará para todos, de igual para igual, no sintiéndose de ninguna elite”. Si gana Montilla “ganan los jóvenes, con más posibilidades de acceder a la vivienda, de un trabajo estable como estamos impulsando desde el Gobierno de españa”. Si gana Montilla, si gana el PSC “la derecha extrema lo va a pasar muy mal, se va a enfadar mucho”.

Y una explicación para su implicación en esta campaña que se ha cerrado en Barcelona: “Porque me importa Cataluña y porque creo en Pepe Montilla como hombre y como responsable político (...) Hemos sabido plantar cara en defensa de Cataluña, de su sociedad, de sus valores, y os digo desde aquí: con la mayoría de los españoles seguiremos planteando cara a esa derecha extrema”.
Finalmente, un reconocimiento, acaso esperado y desde luego aplaudido, a Pasqual Maragall “por todo lo que ha vivido entregando en favor de Cataluña y del socialismo democrático”, y que “ha decidido dar paso a un compañero, dejar el relevo a un compañeros socialista. Gracias Pasqual por dar ese paso”.

Maragall, de telonero

Pasqual Maragall sirvió de telonero del acto. Al fin y al cabo, es el saliente en todos los sentidos de la palabra. Fue la suya una intervención breve, pero emocionada, con un recuerdo a todos los presidentes que en la Generalitat han sido –incluido él mismo, ya en el tiempo pretérito- y anunciando al ‘sucesor’, José Montilla, si las urnas quieren, claro. Una intervención más aguerrida que doliente, ante la atenta mirada de Montilla y de Zapatero. El prácticamente ex president abogó por romper la abstención que algunos vaticinan alta en los comicios del 1-N. Hizo una apelación a la “fuerza del voto” para impedir la vuelta de la derecha –Artur Mas lo es- a la Generalitat.

Maragall cedió el testigo –pero en forma de palabra- al candidato Montilla. Un candidato que glosó las excelencias del socialismo histórico, como Raimon Obiols, Joan Raventós, Narcís Serra..., a los que citó expresamente; las excelencias de la Cataluña que él quiere –“mas próspera, más libre, más justas, más segura”, la “Cataluña por la que yo he luchado, la Cataluña que voy a presidir”. Y un Montilla finalmente agradecido: “Gracias, Pasqual, porque sin ti no tendríamos Estatut, y gracias José Luis, por el Estatut, por los papeles de Salamanca, por tu apuesta por la España social”. ¿Y ahora? “Ahora, a construir la España social”.

Como haría luego Zapatero, Montilla predicó contra la abstención, el gran peligro del PSC, y lo hizo indicando que había que evitar una vuelta a la derecha, pero también un presidente nacionalista, condiciones sine qua non para seguir con las políticas progresistas. ‘Socialistas, progreso, unidad’ eso es lo que hay que votar, según Montilla, frente a ‘derecha, nacionalismo, intolerancia’. Y más en general aún, hay que elegir “entre Rajoy y Zapatero”. Y colofón final: “Yo os digo: este partido lo vamos a ganar, os lo aseguro”.

Maragall, Zapatero y Montilla entraron juntos a las 19.55 horas entre clamorosas ovaciones. El perfil del público del Palau Blaugrana en este cierre de campaña no ha sido el que nos tiene acostumbrados Zapatero en sus últimos mítines de Madrid y de Valencia, sensiblemente envejecido; por el contrario, en Barcelona se ha reunido un público heterogéneo, muy repartido por sexos y edades, pero con un importantísimo porcentaje de juventud.

Baño de masas previo en Santa Coloma de Gramenet

Esta última jornada electoral la ha dedicado Zapatero por entero a Barcelona. Por la mañana se dio un auténtico baño de masas acompañado de su esposa, Sonsoles Espinosa, en Santa Coloma de Gramenent (Barcelona) a donde acudió para dar el último espaldarazo a la candidatura de Montilla antes del mitin final en el Palau Blaugrana. Eligió Santa Coloma por ser uno de los tradicionales feudos socialistas con población mayoritariamente de origen no catalán y que acostumbra a abstenerse en las elecciones catalanas, mientras que en las generales vota en bloque al PSOE.

La idea, lógicamente, era despertar la conciencia socialista, el deber de votar. Hubo sonrisas para todos, incluido ese alto porcentaje de inmigración extranjera que soporta Santa Coloma entre hindúes, marroquíes, colombianos y pakistaníes. Todos le agradecieron al presidente la última regularización. Y otra anécdota de final de campaña: luego, por la noche, en el mitin del Palau Blaugrana, una enorme pancarta dominaba el fondo sur. La pancarta, portada por seis personas, decía: “Montilla President: la comunidad pakistaní contigo”. Y otra anécdota también en el Palau Blaugrana: las enormes pantallas recogían texto enviados por SMS, textos cuya remisión se pedía con el siguiente anuncio: “Envía PSC seguido de tu texto al 5464”.

Pero, en fin, en Santa Coloma, Zapatero estuvo acompañado por Montilla, la vicepresidenta del PSC, Manuela de Madre –que acudió con sus padres-, y el alcalde de la localidad, Bartomeu Muñoz. Un ‘sutnami’, en realidad, en los que le gusta sumergirse al presidente: besos, abrazos, autógrafos y piropos del tipo: “Eres más valiente que Supermán y el Capitán Trueno". Dos personajes del cómic, por cierto, de clara orientación de derechas. Es lo que tiene. Decenas de fotógrafos, cámaras de televisión y periodistas anunciaban la presencia presidencial.

Antes estuvo en los micrófonos de la Cadena Ser para hablar de todos los temas de política nacional. En el campo de la formación de Gobierno tras el 1-N, Zapatero no se dejó tentar: “La legitimidad corresponderá a quien tenga una mayoría parlamentaria y sea capaz de forjar un programa compartido”. La coletilla ‘ser capaz de forjar un programa compartido’ tiene su miga. Es decir, que no se va a respetar al partido más votado. La solución, después del 1-N.

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