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Desde la Giralda

¿Visto para sentencia?

Esta semana, al menos en teoría, debe quedar visto para sentencia, o para ser más exactos para que el jurado designado al efecto comience sus deliberaciones, el nuevo juicio por el asesinato de la joven Rocío Wanninkhof en el mes de octubre de 1999 cuando volvía a su domicilio en la localidad malagueña de Mijas. Un asesinato por el que ya hace tiempo una mujer, Dolores Vázquez, cumplió diecisiete meses de cárcel pero por el que ahora el único acusado es otro, el británico Tony Alexander King.

Y ocurre que, a la espera de que las distintas partes eleven a definitivas sus conclusiones provisionales en las que las acusaciones parece que van a coincidir en una petición de veintiséis años y nueve meses de cárcel para el británico, no parece que los miembros del jurado lo vayan a tener muy claro, o por lo menos muy fácil, para ponerse de acuerdo a la hora de emitir su veredicto.

Porque de una parte, los antecedentes puestos de manifiesto durante la vista en torno a King (condenado ya por una muerte similar, la de la joven Sonia Carabantes, y por el intento de violación de otra joven en las proximidades de Puerto Marina, ambos en la Costa del Sol) constituyen todo un “historial” que se remonta a su vida en el Reino Unido, antes de su lamentable huida hacia tierras malagueñas, donde está visto y juzgado que continuó eligiendo a mujeres jóvenes como sus principales víctimas.

Por eso, parece que su implicación está fuera de toda duda; que pudo ser, evidentemente, el autor de la criminal agresión; que Rocío no fue sino la enésima víctima en ese largo historial. Pero ocurre que durante el juicio, a través de los muchos testimonios prestados por todo tipo de testigos durante las dos semanas de vista, se puede llegar a la conclusión de que lo hiciera o no lo hiciera él, de que fuera o no el autor directo de la agresión y muerte de la joven, no pudo haberlo hecho sólo; o al menos no pudo hacer actuado sólo cuando se desembarazaba del cadáver.

Sucede que, según algunos de esos testimonios, el autor de la muerte de Rocío, fuera quien fuera, tuvo que contar con la colaboración de alguien para arrojar su cadáver por encima de la valle tras la que fue encontrada, que en las bolsas de basura donde se encontraron sus objetos había unas huellas dactilares que no pertenecen al ahora único acusado, al igual que una huella también dactilar encontrada en un trozo de cinta muy cerca del lugar del tétrico hallazgo.

King, además, ha reiterado su inocencia (lo que no puede extrañar a nadie, porque parece más que normal), retractándose de su inicial confesión sobre la autoría, y con el argumento de que ahora dice la verdad porque como está condenado por otras cosas no tiene nada que perder o ganar volvió a implicar a la primera acusada, Dolores Vázquez, y a su amigo Robert Graham, afirmando que vio cómo la primera apuñalaba a Rocío por la espalda y el segundo, al comprobar que aún vivía, le cortaba el cuello. Por otra parte, algunos testigos periciales han indicado que el número de heridas sufridas por la joven no concordaban con los de la primera confesión de King, otros han invocado la presencia de varias personas en el lugar de autos, entre ellas una mujer identificada como Dolly

Tony Alexander King es sin duda, por lo menos a juzgar por sus antecedentes, capaz de llevar a cabo un asesinato como el que se juzga. Y ahí no parece que el jurado vaya a tener muchas dudas. La gran incógnita es la de quien o quienes le ayudaron a llevarlo a cabo, si es que hubo cómplices en ello.

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