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Rajoy-Rubalcaba, cada uno a lo suyo

Rajoy-Rubalcaba, cada uno a lo suyo

martes 08 de noviembre de 2011, 00:46h
¿Hemos tenido la oportunidad de comprobar dos modelos de solución de la crisis? Posiblemente ése ha sido el mérito, y ahí ha estado el interés del primer y único gran debate televisivo previo a las elecciones del día 20, que se produjo y emitió en la noche del lunes, y que ha merecido la atención central de estos primeros días de la campaña electoral. Hemos tenido la oportunidad de comprobar que hay dos dirigentes políticos dispuestos a presidir el Gobierno de la Nación, y a hacerlo con sus propias propuestas, muy generalmente distintas y alejadas de las propuestas del partido contrario. Hubo, sí, alguna coincidencia, y hasta algunas ofertas para cooperar con el vencedor en las elecciones del día 20, pero predominaron las diferencias y los deseos de llamar la atención, en particular desde el candidato socialista Pérez Rubalcaba sobre las particularidades que ofrece, y acaso oculta, el programa del adversario. Ese fue, probablemente, el principal propósito del candidato socialista: denunciar la ambigüedad calculada y la confusión que, según denuncia reiterada de Rubalcaba, contiene el programa del PP, y sobre la que Mariano Rajoy no supo o no quiso aclarar las cosas. Fue el caso de la reducción de la cobertura de las pensiones, o de la retirada de las pequeñas y medidas empresas de las mesas de negociación colectiva.

El debate tuvo ese doble propósito de muy difícil conciliación: exponer el propio programa y denunciar los eventuales fallos e incoherencias que pudiera contener el programa ajeno. Y, a ser posible, llevando o manteniendo la iniciativa, como en varias ocasiones se propuso hacer el candidato socialista, consciente de que llegaba como probable perdedor en las próximas elecciones, y por ello, más necesitado que su adversario de hacerse oír...

Pero no es improbable que muchos de los espectadores del debate televisivo ni siquiera hayan llegado a su final, y hayan preferido cambiar de canal o apagar la luz y echarse a dormir. A muchos de los escuchantes, con bastante probabilidad, las intervenciones les pudieron parecer muy escasamente originales, ya escuchadas o nada novedosas.

Y, tras un repaso a las notas tomadas durante las intervenciones, será preciso constatar que hubo muchos asuntos olvidados o ignorados, como el excesivo, desorganizado y muy criticado gasto autonómico, los propósitos del nacionalismo catalán de  conseguir sus propios fueros según el modelo vasco, a ser posible con el apoyo del PP, o la etapa que están terminando de vivir la mayor parte de las cajas de ahorros, tras la profunda reorganización de la que  han sido objeto en los últimos años.

Luego, queda la pregunta final: ¿quién venció el debate? Apenas concluido el debate, cada medio informativo proporcionaba "sus propios" y exclusivos datos, en línea con las preferencias editoriales de cada medio informativo. O sea,  vencía Rubalcaba para El País o Público, y lo hacía Rajoy en El Mundo, ABC o La Razón. Es decir, nada novedoso. Como tampoco resultaba novedoso que cada uno de los líderes fueran recibidos como triunfadores claros e indudables a las puertas de las correspondientes sedes de las calles Génova y Ferraz. También tenían esa clase de recompensa, los dos líderes que se disputarán la presidencia del Gobierno dentro de unos pocos días, en las elecciones generales del 20-N.
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