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El Senado ausente de la campaña

El Senado ausente de la campaña

viernes 18 de noviembre de 2011, 09:18h
Si el senado español tuviera encima un foco mediático como tiene el congreso pocos preguntarían "¿Para qué sirve el Senado?". "¿Que es el Senado?".

La respuesta la tenemos en la propia Constitución. En ésta se habla de las Cortes Generales que están formadas por el Congreso de los Diputados y el Senado. Dice además que las Cortes Generales ejercen la potestad legislativa, aprueban sus presupuestos, y controlan la acción del gobierno. Tanto el Congreso como el Senado.

Ahí tenemos pues lo que son las Cortes Generales en un estado que tiene dos cámaras. No una. Una acción a dos, dándole al Senado una función más: el Senado es la Cámara de representación territorial.

Si vamos a la primera parte de la definición se verá que el Senado hace lo mismo que el Congreso y sobre todo algo que es fundamental en democracia como es controlar al gobierno. Los ministros tienen que ir a las comisiones y al pleno a ser preguntados por todo y no se salvan de las mismas mociones e interpelaciones que han de aguantar en el Congreso. Las mismas.

Zapatero hace ocho años innovó ya que ni Suárez, ni Calvo Sotelo, ni Felipe González, ni Aznar se sometieron a preguntas orales de control en el pleno. Zapatero lo hizo y eso ya no tiene marcha atrás. Lo malo de éste trámite, tanto en el Congreso como en el Senado, es que siempre el gobierno cierra el cuestionamiento. Es decir: yo pregunto, el gobierno me contesta, yo replico y el ministro o Zapatero cierra. Ahora bien. Si tú eres buen parlamentario y te trabajas los temas, te llevas el gato al agua y si además tienes un periodista que ese día le ha interesado tu pregunta, has hecho el mes.

La segunda parte es lo que requiere una reforma constitucional porque decir que es Cámara de Representación Territorial y dejar la cosa ahí, es no decir nada. Sí, hay una Comisión General de las Comunidades Autónomas donde comparecen ministros y pueden comparecer presidentes autonómicos, pero en la práctica, no funciona. También hay una conferencia anual de Presidentes Autonómicos que cuando Jordi Sevilla fue ministro de Administraciones Públicas la quiso residenciar en el Congreso siendo Zapatero quien la llevó al Senado.  Los presidentes del PP no han querido nunca dar cancha a Zapatero y me imagino que los del PSOE  no querrán darle cancha a Rajoy, por lo que para que esto funcionara como Cámara de Representación territorial habría que reformar la sacrosanta constitución que hemos visto como se puede hacer en una semana para contener el déficit. En eso sí se ponen de acuerdo el PP y el PSOE. Una mano lava la otra.

Y habría que reformarla porque ¿qué cámara de representación territorial es esa que las reformas de los estatutos inician su trámite en el Congreso?. Desde el de Gernika, cuando el lehendakari Ibarretxe fue con la propuesta del Parlamento Vasco que fue tumbada nada más llegar, hasta la reforma catalana terminando por la de Extremadura, el Senado ha sido el pariente pobre de éste debate cuando, constitucionalmente hablando, le hubiera correspondido todo el protagonismo.

Pero ¿por qué no se reforma la constitución?

Pues muy sencillo. Porque el PP y el PSOE no se ponen de acuerdo y porque convocar un referéndum constitucional obligaría a hacer no solo una pregunta sobre el Senado sino sobre algo más espinoso como es la sucesión en la jefatura del estado eliminando la primacía del varón sobre la mujer a la hora del relevo. La Constitución española de 1978 es profundamente machista e impresentable y consagra la subordinación de la mujer al hombre y eso hay que cambiarlo y nadie pone en duda que haya que hacerlo salvo la propia Casa Real. Saben que un referéndum sobre este punto se converti­ría en un referéndum sobre la Corona y con las cosas de comer no se juega.

¿Y que se nos ha perdido a los nacionalistas en una Cámara Territorial donde tendríamos que jugar al mismo nivel que otras autonomías que pretenderían igualarnos por debajo?. Pues nada. Otra cosa sería el planteamiento de un Senado Confederal, tipo Suiza, con Catalunya, Galicia y Euzkadi con sus hechos diferenciales reconocidos. Pero eso no se va a dar.

Nos quedamos pues con que el Senado es como el Congreso, aunque la última palabra en las leyes la tiene éste. Pero en el taller de reparaciones que es el Senado y sin los focos encima en cada ley se hacen virguerías. Decía Bismark que nunca hay que preguntar sobre cómo se hacen las leyes y las salchichas.

Además el Congreso y el Senado tienen comisiones mixtas. Trabajan conjuntamente en algunos aspectos corno los relacionados con la Innovación, el control de RTVE y sobre todo el seguimiento a la política europea. Ésta Comisión Mixta se reúne una vez en el Congreso y otra en el Senado y es presidida por un parlamentario de la oposición. En esta legislatura por el miembro del PP, Miguel Arias Cañete. Y se ha reunido la friolera de 72 veces (es la comisión que más veces se ha reunido) con comparecencias ministeriales, embajadores, ponencias, propuestas y demás por lo que el trabajo, en esta parte del Senado, es muy eficaz.

El Senado tiene además una Comisión de Asuntos Iberoamericanos que trata todos los temas vinculados con América. Ésta comisión nació en 1977 cuando aquellos viejos republicanos que habían sido elegidos senadores oían hablar solo de Europa y como ellos se habían pasado cuarenta años en el exilio en Colombia, México, Argentina, Venezuela, Chile y Cuba, preguntaron: ¿y de América qué?. Y así nació esta Comisión que he presidido en esta novena legislatura. De ella surgió el Foro Parlamentario Iberoamericano, la Observación Internacional, el seguimiento y denuncia ante la conculcación de los derechos humanos y una ponencia sobre la situación jurídica de nuestras empresas en América Latina, un trabajo que estuvo francamente bien.

¿Y por que esto no se sabe?

Pues porque vivimos en la sociedad del espectáculo y si un mismo día te enteras de la muerte de Gadafi, del fin de ETA, del terremoto en Turquía, de la bajada de las bolsas y de la bronca de Sarkozy con Cameron, está el patio para que sea noticia lo que hacemos en el Senado, sin contar que todo éste mundo madrileño pivota alrededor de Rubalcaba y Rajoy. Terceros no cuentan para nada. España es así de democrática y de plural.

Por el Senado han pasado ilustres políticos vascos: Irujo, Unzueta, Renobales, Bandrés, Oregi, Julio Jauregui, Ramón de la Sota, Joseba Elósegui, Juan Mari Ollora, Rubial, Aspuru, Zabala, Aurrekoetxea, Martiarena, Torrontegui, Sanz, Bajo, Loroño, Maqueda, Etxegoyen, Albistur, Gatzagaetxeberria, Bolinaga, Pujana, Boneta, Zubia, Iriarte, y un largo etcétera. Gentes que han servido a Euzkadi desde aquella tribuna y han dado lo mejor de sí mismos yendo y viniendo y dejando la impronta del trabajo bien hecho.

Describo todo esto, porque en ésta campaña a Cortes Generales el Senado, por todos los partidos, es la Cámara preterida, y parecería que solo se eligen diputados. Y no es así. Tampoco la elección es entre Rubalcaba y Rajoy. Se eligen 350 diputados y unos 210 senadores que se completan con los autonómicos, y que este dato es digno de tener en cuenta.

¿Listas abiertas?

Sí. Existen las listas abiertas. Pasé un día por la Puerta del Sol y entre las reivindicaciones de los del 15-M,  me hablaron de las listas abiertas. Les dije que ya existían las listas abiertas en el Senado. No tenían ni idea. Y es que uno puede hacer con ellas las mixturas que quiera. Un arroz con pollo. Pero lo lógico en Bizkaia es poner la crucecita en las tres casillas del PNV. Que no es tanto trabajo.

Ya sé que para que el Senado sea noticia los portavoces del Congreso, y me incluyo en la crítica, deberían querer darle marcha al Senado, pero como los líderes del PP y del PSOE están en el Congreso les molesta hasta que el Senado exista. Podría contar decenas de vivencias. Pero guste o no existe y al PNV le interesaría, como agua de mayo, obtener los tres senadores de Bizkaia, los tres de Gipuzkoa o por lo menos uno y otro en Araba que sumado al autonómico nos darían un resultado muy vistoso: alrededor de seis. Y con eso se tira millas de maravilla.

De ser elegidos plantaremos cara al gobierno del PP, preguntaremos hasta por los codos, propiciaremos ponencias, me­joraremos leyes, tomaremos nuestras iniciativas y haremos realidad lo que siempre decía Juan de Ajuriaguerra: en Madrid no somos ocho diputados. Somos diecisiete trabajando por Euzkadi. Y de eso se trata. Desde el 20 doce trabajando, con la sigla PNV, desde Madrid. Cualquiera nos aguanta.
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