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Hartazgo soberano

Hartazgo soberano

lunes 21 de noviembre de 2011, 08:05h
Imposible más alto o más claro. El pueblo cuando se pone soberano no admite medias tintas: ha mandado a las tinieblas a los socialistas que gobernaron con la crisis económica más brutal que recuerda este país y, a cambio, deposita en el partido popular el poder más onnímodo en la historia de la democracia. Porque nunca jamás un  partido va a mandar tanto y a la vez como el Partido Popular en los ayuntamientos, las diputaciones, las comunidades autónomas y en el Parlamento y el Gobierno de España.

Pero los hombres y mujeres de Génova no deben engañarse. Su victoria absolutísima no ha sido por el programa, que no se recuerda un partido que haya ganado nunca unas elecciones con un programa tan inconcreto. Tampoco es el resultado de la apoteosis de un líder carismático, que Mariano Rajoy solo ha despuntado en las encuestas cuando todos los datos indicaban que sería el ganador. ¿O es que nadie se acuerda que esta ha sido la legislatura en que los líderes con mejor imagen a nivel nacional han sido Duran i Lleida o Rosa Díez?

Ha sido la crisis maldita, que esta sí que nos ha dejado tiesos, la que ha llevado a los ciudadanos a hacer el cambio, soberanamente hartos que quienes les han gobernado los últimos siete años y medio: ya que el PSOE nos dejó en 5 millones de parados y la prima de riesgo desbocada que vengan los otros, a ver si son capaces de traer alguna solución. El mismo razonamiento, la misma estrategia de los ingleses o los portugueses que cambiaron sus gobiernos inoculados por los virus de sus respectivas crisis económicas.

Esta no es la sociedad alegre y confiada que ha encontrado un salvador al que entregarle 11 millones de votos. Esta es una ciudadanía cabreada y furiosa con el PSOE que no ha sabido o podido defenderla del desempleo salvaje y de la penuria económica. Entre el 22M y el 20N el partido aún liderado por José Luis Rodríguez Zapatero ha perdido tanto poder que se ha quedado en los huesos: menos escaños en el Congreso y en el Senado que nunca, menos alcaldes, menos concejales... Y aún quedan por caer las dos última joyas que conserva de los años de abundancia: la presidencia de la comunidad autónoma de Andalucía, que perderá en unos meses, y la presidencia de Euskadi, en apenas dos años.

En la nueva España vestida de azul que ha nacido esta noche hay un partido con todo el respaldo necesario para gobernar. Pero que no se confíe que el pueblo cuando se siente soberano acaba de demostrar que no se casa con nadie. El PSOE ha quedado destrozado por quitar de los presupuestos los 15.000 millones en los que estaba el 5 por 100 del sueldo rebajado a los funcionarios y el dinero con el que había que aumentar las pensiones. Mariano Rajoy va a que tener que reducir el gasto público en otros 30.000 millones de euros, dando el segundo y seguramente el mayor hachazo al estado del bienestar de la historia. Su única salida para no sufrir otra mortal dentellada en los votos que ahora ha recogido es que tras ese bajonazo vengan años de bonanza y para 2015 se haya recuperado la economía y el empleo.

Los socialistas no deben perder demasiado tiempo en lamerse las heridas por brutal y trágico que ha sido el descalabro. El diagnóstico de Alfredo Pérez Rubalcaba de que ha llegado la hora en la que se van a hacer enormes recortes es seguramente cierto. Y los siete millones de ciudadanos que hoy les han votado y centenares de miles, si no millones, de los que los que le han abandonado le van a exigir responsabilidad para arrimar el hombro al Gobierno cuando haga falta pero también firmeza y decisión para defender conquistas sociales que han costado tantos años y tantos esfuerzos. La izquierda es imprescindible ante esta mayoría absolutísima y el PSOE tiene que liderarla. Por eso debe resurgir de sus cenizas.

Especial elecciones 2011>>
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