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El conde y los andaluces

El conde y los andaluces

martes 13 de diciembre de 2011, 08:45h
    Cayetano Martínez de Irujo, hijo de la duquesa de Alba y conde de Salvatierra, ha ido mucho más allá de Duran i Lleida cuando éste dijo que "los jornaleros andaluces se gastaban el dinero del PER en los bares". Aquellas desafortunadas declaraciones del líder de CiU levantaron una gran polvareda... Pues bien, ahora el hijo de la duquesa de Alba, Cayetano, ha ido mucho más allá y ha afirmado que "en Andalucía la gente joven no tiene gana ni de trabajar ni de progresar".  Callado estaba mejor este cachorro de la aristocracia, que ha heredo miles de hectáreas de tierras de la Casa de Alba y cuya contribución al Producto Interior Bruto de su país es más bien limitada... Y don Cayetano siguió su monserga justificando los tres millones de euros que anualmente percibe de la Unión Europea por sus fincas. Eso le parece muy bien: que con dinero de todos se financien sus latifundios, muchos de ellos improductivos...

     Este muchacho, que ya no es tan muchacho... está jugando irresponsablemente con fuego. Y está metiendo el dedo en la llaga de una realidad social muy dura, como es el paro de los jóvenes andaluces que, si no trabajan, es porque no tienen una oportunidad  (como les ocurre a tantos jóvenes españoles), pero no porque sean unos vagos o porque estén dormidos en los laureles y no quieran progresar.

     Al contrario que su madre, Cayetana de Alba, que es un ídolo popular, y que es respetada y querida por su simpatía y su sinceridad, el conde de Salvatierra tiene el don de la inoportunidad para hacerse cargo, innecesariamente, de los tópicos insultantes para el pueblo andaluz, en lugar de sentirse orgulloso de una región en la que tiene vínculos familiares, además de cuantiosos intereses económicos.

    En una España con cinco millones de parados y que atraviesa por la crisis más dramática de las últimas décadas, nadie debe contribuir al desprecio o a enfrentamiento, y menos quien es miembro de una familia tan privilegiada por la Historia como la Casa de Alba. Si el conde de Salvatierra dice que los jóvenes andaluces no trabajan (porque no quieren progresar)... ¿se imaginan ustedes lo que podrían decir esos jóvenes andaluces del conde de Salvatierra?. Pero, por fortuna, el pueblo es sensato, no escucha esas insultos, sufre, aguanta y se calla, aunque la procesión vaya por dentro... En Andalucía, como en Cataluña, en Madrid, en Valencia o en Zamora, habrá jóvenes con más o menos entusiasmo por el esfuerzo y por el sacrificio, pero lo que no hay, por fortuna, es alguien que, como Cayetano Martínez de Irujo, salga del palacio en una mañana de invierno sin otra tarea más que la de insultar. No se debe generalizar: entre los jóvenes españoles (no sólo entre los andaluces), los hay mejores y peores, hay de todo...  Pero Cayetano Martínez de Irujo hay uno solo, y en cuanto ha hablado... ha cantado la gallina de su miopía social y de su inexplicable desprecio a los andaluces. Insistimos en que estaba mejor callado, que en boca cerrada no entran moscas, y de boca cerrada no salen majaderías.
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